"LA ESQUINA DEL PECADO"

Texto
Galería Imagenes

Las calles de Galiano y San Rafael

El origen de estas calles no fue muy espléndido que digamos. La de Galiano empezó por un puente que don Juan Martín Galiano, Ministro Interventor de Fortificaciones, construyó en un camino convertido en calzada, para pasar sobre la Zanja Real. La calzada se cerraba en la calle San Miguel hasta que en 1842 se abrió para formar la actual avenida.

Por su parte, la calle San Rafael, cuyo nombre no se sabe de dónde surgió, se llamó en un tiempo del Presidio, por una casa correccional que se levantaba en el lugar donde más tarde se construyó el teatro Tacón, y estuvo cerrada en la de Industria hasta el año 1834.

Pero andando el tiempo, a causa de la actividad mercantil, estas calles se convirtieron en las dos arterias comerciales más importantes de La Habana extramuros, la primera en casi toda su extensión, desde San Lázaro hasta Reina, y la segunda, al menos, en sus primeras siete cuadras, desde el Paseo del Prado hasta San Nicolás. En estas dos calles se hallaban las principales tiendas de ropa masculina y femenina, así como barberías, peluquerías, sombrererías, sastrerías, peleterías, sederías, quincallerías, mueblerías, perfumerías, joyerías, y en general toda la amplia variedad de establecimientos donde la población podía hallar los más disímiles artículos para su comodidad y el buen vestir, dando cumplida satisfacción a todos los gustos, desde los más sencillos y modestos hasta los más refinados y exigentes.

El centro neurálgico de esa zona comercial fue, precisamente, la intersección de estas dos calles, donde se levantaron los cuatro establecimientos más relevantes de su tipo: la tienda de ropa y novedades “El Encanto”, la quincallería “La Casa Grande”, la peletería “La Moda” y el café “La Isla”.

 

La tienda de ropa “El Encanto”

“El Encanto” fue en sus inicios una simple tienda de sedería y novedades que ocupaba unos treinta  metros por el frente de Galiano, con el número 85, fundada alrededor de 1888 por el peninsular José Solís, a quien familiarmente se le conocía por Don Pepe. La calle estaba habitada por familias de alta categoría social, que hicieron de aquella tienda el sitio preferido para realizar sus compras, con lo que fue adquiriendo más prestigio y preponderancia comercial. Pronto su volumen de ventas se multiplicó, siendo necesario ampliar el local, que se extendió por Galiano a todo lo largo de la manzana, hasta llegar a San Miguel, donde se adquirieron varias casas, lo que también se hizo por San Rafael, conformándose así la tienda de ropa masculina y femenina más grande e importante de toda aquella zona. Don Pepe se asoció más tarde con su coterráneo Aquilino Entrialgo, creando la firma Solís, Entrialgo y Compañía, que administró “El Encanto” durante largos años. Su última y más moderna edificación resultó destruida en 1960 por un incendio y en su lugar existe ahora el parque Fe del Valle, en recordación de una empleada de la tienda que falleció en el siniestro.

 

La quincallería “La Casa Grande”

En la esquina de enfrente, en Galiano número 80, se hallaba una tienda de ropa con el nombre de “El Boulevard”, la que fue adquirida y demolida por los catalanes Laureano Cifuentes y  Faustino Angones, para levantar en su lugar, en 1887, “La Casa Grande”, una de las primeras grandes tiendas de la calle Galiano, que inició en Cuba, en gran escala, el negocio de telas, perfumería y quincalla. En esta tienda, durante la intervención norteamericana, se hicieron, por encargo exclusivo, los primeros uniformes para la Policía Nacional, y fue también esta casa, en la que se trabajaba, como era usual entonces en todas las tiendas, hasta las once de la noche, la primera de ellas en aplicar la jornada laboral de ocho horas. “La Casa Grande” cerró sus puertas en 1937 y en su lugar se construyó un nuevo edificio más moderno, donde se estableció el “ten cents” de F. W. Woolworth Co. hasta 1960, cuando se le dio el nombre actual de “Variedades Galiano”, con el que se dedica hoy al giro de novedades.

 

La peletería “La Moda”

Cruzando San Rafael, frente a “El Encanto”, en Galiano número 87, existía ya en 1877, según el “Indicador Habanero” editado por Federico Caine, una de las casas más antiguas de la zona, la peletería “La Moda”, propiedad de Canoura y Hernández, también preferida por las familias más acaudaladas de la ciudad que gustaban adquirir allí su calzado, y que además de la alta calidad de sus artículos, en los comienzos del siglo XX hacía también las delicias de los niños, pues en los portales del establecimiento se hallaba una gallina de juguete a la cual se le echaba por el pico una moneda de dos centavos y la gallina ponía un huevo que contenía caramelos, pastillas de menta y otros dulces por el estilo. Aquel juguete estuvo allí muchos años hasta que un día desapareció, pero la tienda se mantuvo siempre con un alto prestigio y perduró hasta la década del 60 del siglo XX. No obstante, su presencia en aquel lugar, como una de las más afamadas peleterías de la ciudad, ha hecho que en la actualidad se mantenga allí, bajo una nueva administración, otra tienda dedicada exclusivamente, como “La Moda”, al giro de peletería.

 

El café “La Isla”

Por último, en la cuarta esquina, en Galiano número 82, se hallaba el café “La Isla”, de un español nombrado Francisco García, al que todos llamaban Don Pancho, y que entró a trabajar allí en 1881 y terminó siendo su propietario. Aquel era el más renombrado y popular café de aquella zona, punto de reunión y esparcimiento de los comerciantes de Galiano y San Rafael, junto con la población habanera que concurría a hacer sus compras en las grandes tiendas y después iba a refrescar a aquel agradable lugar que siempre se mantenía lleno de parroquianos. En el café de Don Pancho era habitual ver a Don Pepe y a Faustino Angones compartiendo la misma mesa como fraternos competidores en sus negocios, pero unidos por una gran amistad. Así como creció “El Encanto”, igual creció “La Isla” gracias a su popularidad, y de un modesto local en la esquina de Galiano, se expandió a lo largo de la cuadra de San Rafael hasta llegar a la esquina de Rayo. Después de llenar toda una época en aquella manzana, el café “La Isla” desapareció en los años 50 del siglo XX, dando paso al moderno edificio de la actual tienda de ropa “Flogar”.

 

La esquina del pecado

Estos cuatro grandes establecimientos, en el cruce de las calles Galiano y San Rafael, conformaron una de las esquinas más famosas de La Habana, en la primera mitad del siglo XX, a la que el pueblo llamaba popularmente “la esquina del pecado”, pues en ella, al decir de un cronista de la época, era “perdonable el pecado de mirar a las mujeres bonitas”.

En los tiempos coloniales las mujeres cubanas, cuando salían de compras, acudían a las tiendas en sus quitrines y se estacionaban a la puerta de aquellas para que los dependientes les llevaran hasta el carruaje los artículos que deseaban adquirir, sin entrar nunca en el establecimiento, pues esto era muy mal visto en aquella época. Pero al cesar la soberanía española en la isla, las mujeres empezaron, poco a poco, a cambiar de vida, adquiriendo una mayor libertad, abandonando el hogar por la oficina o el taller, ingresando en los centros de estudios y visitando, sin necesidad de acompañante alguno, los teatros, cines, cafés y comercios de toda clase.

A la vez que se realizaba esta transformación de la vida femenina, las tiendas adquirieron también mayor belleza en sus decorados, así como en la presentación de sus mercancías, y los dueños y dependientes se presentaron a sus clientas como refinados caballeros de corteses modales y grata conversación, todo lo cual hizo que “ir de tiendas” constituyera para las mujeres un agradable esparcimiento que realizaban con el mismo interés y gusto con que pudieran asistir a un teatro o un cine. Y qué mejor lugar para ir de tiendas por las tardes, que darse una vuelta por Galiano o por San Rafael, entrar en una u otra tienda, examinar telas, joyas y perfumes, probarse zapatos o sombreros, y quizás comprar algo, para después ir al cine o al café para refrescar con un batido o un helado.

Así se convirtió el “ir de tiendas” en el paseo y la diversión predilecta de las habaneras, a las que se unieron, desde luego, los hombres, para contemplar, piropear y admirar a las mujeres, o simplemente conversar con novias o amigas. Y así también aquella esquina de Galiano y San Rafael, la más concurrida de todas, pasó a ser “la esquina del pecado”, donde la mujer criolla, vestida con su elegante traje de calle que la moda convirtió en moldeador de los encantos físicos femeninos, se paseaba con un ojo puesto en las vidrieras de las tiendas y el otro en el posible candidato a novio o esposo, en espera de algún piropo galante  o alguna invitación cortés, precursora del ansiado idilio amoroso.