"LA LONJA DEL COMERCIO DE LA HABANA"

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Dedicaremos esta página a uno de los edificios más conocidos de la ciudad de la Habana: La Lonja del Comercio, que situado en un punto neurálgico de la avenida que circunda su bahía se levanta majestuoso desde hace más de un siglo.

Lo veremos aquí a través de diferentes emisiones de tarjetas postales que le fueron dedicadas en los tiempos de su erección allá por la primera década del siglo pasado. También incluiremos las interesantes fichas que se usaron en los predios de su antecesor conocido como Lonja de Víveres de la Habana.

A continuación, destinada a aquellos que más allá de dichas imágenes se interesen en profundizar en su historia, incluimos una corta reseña que esperamos resulte de su agrado:


Introducción

Las corporaciones económicas en Cuba, desde la época colonial hasta la etapa republicana de la primera mitad del siglo veinte, prestaron un valioso aporte en beneficio de la economía en general, dado el celo con que tales organizaciones enfocaron, en diversas ocasiones, múltiples problemas para el desenvolvimiento de las actividades de los distintos sectores del país. Ellas desempeñaron, en todo momento, un papel muy importante en la orientación de nuestro desarrollo económico, con el aporte de sugerencias constructivas que dieron pie a que los gobiernos pudieran establecer bases adecuadas en variadas cuestiones de índole fiscal, aduanal y laboral, las que, en resumen, permitieron colocar al país en un alto sitial como nación propulsora de un mayor y mejor desenvolvimiento agrícola, industrial y comercial.


La Lonja de Víveres

Una de estas corporaciones que se destacó por sus largos años de servicios fue la nombrada “Lonja de Víveres”, sociedad de carácter privado que existía en la capital cubana desde 1878, con domicilio en la casa número 5 de la calle Baratillo, en la que los comerciantes de víveres de La Habana celebraban sus reuniones, expresamente autorizados por el Gobernador General don Arsenio Martínez de Campos y Antón, desde el 23 de julio de dicho año, pues antes de esa fecha era en los muelles donde se reunían para efectuar entre sí las transacciones habituales.


El Centro de Contratación del Comercio de Víveres

Dos años después de la creación de la Lonja, con motivo de haber surgido diversas aspiraciones entre los concurrentes a la misma y con el fin de armonizar los criterios encontrados, se discutió y votó un reglamento para el régimen de la sociedad, a la que se acordó denominar “Centro de Contratación del Comercio de Víveres”. Dicho reglamento recibió la sanción gubernativa del Capitán General don Ramón Blanco mediante resolución de 30 de diciembre de 1880 y fue finalmente aprobado el 28 de enero de 1881. En la junta de constitución de la Sociedad actuó como presidente don Joaquín Ginerés y como secretario don Antonio Clarens y figuraron como miembros de la Junta Directiva almacenistas al por mayor, tasajeros, panaderos, detallistas y comerciantes en general.


Sus objetivos

El objetivo de la asociación era facilitar la compraventa de toda clase de víveres, reuniendo al efecto en un local adecuado (la casa de Baratillo número 5) a los gremios que se dedicaban a esa clase de transacciones. Podían ser socios del Centro todos aquellos que legalmente ejercían el comercio de víveres, así como sus dependientes, debiendo acreditar su personalidad, respectivamente, por medio de la matrícula y licencia o carta de sus patronos, dirigida a la Junta Directiva. Eran admitidos también como concurrentes libres, pagando determinada cuota, los transeúntes que ejercían el mismo comercio y los corredores, acreditados unos y otros debidamente por algún socio del Centro. De igual manera se permitía la entrada libre en el local social a los funcionarios públicos, a los miembros de la Directiva de la Junta General del Comercio, a los representantes de la prensa periódica y a los capitanes de buques.


Cuotas y horarios

Los socios debían pagar una cuota de entrada de veinte pesos en billetes del Banco Español de la Isla de Cuba y cinco pesos, también en billetes, como cuota mensual anticipada. Los socios importadores podían instalar dentro del local puestos permanentes, mediante el pago de siete pesos, para exponer las muestras de sus mercancías. En cuanto al horario, aunque el Centro estaba abierto para sus socios desde las seis de la mañana hasta las cuatro de la tarde, las horas de contratación eran de siete a once de la mañana.

De acuerdo a los datos que aparecen en la Memoria de la Sociedad de 1877-88, en ese último año se hizo efectiva la autoridad que tenía la Junta Directiva para establecer cuotas de entrada, y en consecuencia se redujo el costo de los puestos de siete a tres pesos, se fijó la entrada en diez centavos y se creó un sistema de abonos por dos pesos mensuales.


Reestructuración

Ocupaba en aquel tiempo la presidencia don Joaquín Martínez de Pinillos, la vicepresidencia don Pedro Codina, la tesorería don José Jané, y la secretaría don Manuel Marzán, mientras figuraban como vocales los señores José Balcells, Jaime Carbó, Luis Galbán, Rufino Romero y Santiago García. Esta Junta Directiva consideró necesario que el Centro se constituyese “con identidad responsable y determinada”, como disponía el artículo 65 del Código de Comercio. Atendida esta recomendación, se nombró una comisión organizadora para llevar a efecto esos propósitos, formada por los señores Martínez de Pinillos, Pascual Otamendi, Manuel Coro, Hugo Higgins, José Pujol , Antonio Loredo y José Balcells. De estos señores sólo Pujol era cubano, Higgins era escocés y los demás españoles.


La nueva Lonja de Víveres

Reunidos los miembros de la comisión en la noche del 18 de abril de 1888, en los altos del que fuera Palacio del Conde de Santovenia, situado en la calle Baratillo, frente a la Plaza de Armas y al Palacio de los Capitanes Generales, quedó reestructurado el Centro de Contratación del Comercio de Víveres bajo la denominación de sociedad anónima y con su primitivo título de “Lonja de Víveres de La Habana”. Finalmente, el 12 de noviembre de ese año, fue otorgada la escritura de constitución ante el notario Carlos Amores y Sanz, inscribiéndose la sociedad “Lonja de Víveres de La Habana, S.A.”, de acuerdo con el Código de Comercio, en el Registro Mercantil de la provincia de La Habana, en la hoja número 676, al folio 115 del libro 14 de Sociedades, con 94 firmas de Socios Fundadores.

La primera Junta Directiva quedó formada por los señores siguientes: presidente, Joaquín Martínez de Pinillos; vicepresidente, Pascual Otamendi; tesorero, José Balcells; secretario, Manuel Marzán; contador, Rufino Romero; y vocales, Carlos García Cue, Manuel Coro, Faustino García, Félix Vives, Hugo Higgins, Marcelino González, José García Blanco, Manuel Pita, Santiago García, José Pujol Mayola, Antonio Grifuls y José Blanco. 


Objetivos

El término de constitución de la sociedad fue de 50 años, que vencería en 1938, y su objetivo era: “Crear y explotar una Lonja o casa de contratación para el comercio de víveres, adquiriendo y edificando expresamente un local propio para instalarla, en el cual podrán establecer puestos o muestrarios del ramo de víveres o sus anexos, las personas que lo soliciten, sujetándose la concesión al reglamento interior que se dicte. La parte de este local que no sea necesaria para exponer muestrarios y para la administración y operaciones de la Lonja, podrá ser arrendada o de otro modo puesta en producción, procurándose que sea destinada a objetos y fines determinadamente comerciales”.


Capital

El capital de la sociedad sería de cien mil pesos en oro, dividido en mil acciones de cien pesos cada una, representadas por igual número de títulos nominativos. Para ser accionista se requería la condición de contribuyente al Estado en calidad de comerciante-banquero y dedicarse a la importación de víveres o por el concepto de almacenista de víveres, reputándose accionistas fundadores a todos los que lo eran en la fecha de constitución de la Lonja. Ningún socio podía poseer más de cincuenta acciones. Las utilidades líquidas de cada año se repartirían entre los accionistas, después de destinar el veinte por ciento de las mismas al mejoramiento y fomento de la empresa.


Realizaciones destacadas

Si bien es verdad que la reunión de constitución de la Lonja se celebró, como se ha expuesto, en el antiguo Palacio de los Condes de Santovenia, ya desde 1887 el Centro de Contratación tenía su residencia en Lamparilla número 2, y al constituirse la Lonja en 1888, el primer acto de la  Directiva fue conseguir el contrato de esta última casa, la que fue adquirida en el año 1892 en la cantidad de $80,518.15.

El 19 de octubre de 1889 vio la luz el primer número de la revista oficial de la Lonja, que se acordó publicar en sustitución de las cotizaciones, los días 9, 19 y 29 de cada mes, vísperas de las salidas de los vapores correos para la Península.

Diversos fueron los factores de cooperación al desarrollo económico del país- En ese sentido figuran los auxilios económicos que prestó la Lonja en el año 1890 a las víctimas de la catástrofe de la ferretería de Isasi, de Mercaderes y Lamparilla, iniciando una suscripción, encabezada por la Sociedad con mil pesos, y que llegó a recaudar $13,784.80; la contribución de víveres que ese mismo año prestó al planteamiento de colonias agrícolas; los socorros enviados en 1895 a Vuelta Abajo en alivio de las desgracias producidas en esa región por las inundaciones; el reparto, en 1897, por la Directiva de la Lonja, con fondos recaudados en el comercio de la capital, de la suma de $8,634.58, con fines de beneficencia y caridad; los auxilios que muchos de sus socios prestaron al vecindario de La Habana durante el bloqueo de la Isla por la escuadra norteamericana en 1898; la actitud que adoptó la Lonja durante la Guerra Mundial. al esforzarse los socios con un espíritu de servicio público para facilitar el abastecimiento de mercancías, que nunca llegaron a faltar en la república, y hasta fueron en muchos casos solicitadas por algunos países vecinos, gracias a las medidas previsoras adoptadas por las entidades de la Lonja y su perfecta organización para el abastecimiento del país; y por último, la labor que ha realizado en los diversos períodos de depresión que sufrió la nación, garantizando, en momentos en que la banca restringe sus facilidades mercantiles, el crédito de las tiendas minoristas y almacenes de todo el país.

En todo tiempo, el comercio importador representado en la Lonja fue el que llevó sobre sus hombros la concesión de facilidades a base de crédito, sin lo cual se habría enfrentado el país con incalculables tropiezos para poder abastecer las extensas zonas de cultivo, tanto de caña como de todos los demás productos necesarios para el diario y normal abastecimiento de la población rural.


La Lonja del Comercio de La Habana

La transformación de la antigua Lonja de Víveres en Lonja del Comercio de La Habana fue realizada por acuerdo de la Junta Directiva de aquélla, en 3 de enero de 1907, teniendo en cuenta el extraordinario progreso alcanzado por la sociedad y los deseos de pertenecer a la misma de firmas comerciales e industriales de otros giros, siendo constituida la nueva sociedad por escritura de 21 de enero del mismo año. También es de destacar la construcción en terrenos del antiguo Palacio de Armona, residencia que fue del Cabildo habanero, en la Plaza de San Francisco, con un costo de 800 mil pesos, de un magnífico edificio de cinco pisos, obra de los arquitectos José Toraya, cubano, y Tomás Muir, español, que comprende toda la manzana y está rematado en su cúpula por una bella reproducción en bronce del Mercurio del escultor renacentista italiano Juan de Bolonia. En dicho palacio quedó instalada la Lonja del Comercio y fue inaugurado solemnemente el 28 de marzo de 1909, siendo presidente de la República el general José Miguel Gómez, alcalde de La Habana el doctor Julio de Cárdenas, y figurando como presidente de la Lonja el señor Narciso Macía y Domenech.

 

Las fichas que hoy mostramos:

Es de suponer que las fichas de la Lonja de Víveres se hayan utilizado a partir de 1888 o después  de ese año, cuando se estableció una nueva estructura de la sociedad y se fijaron las cuotas de entrada y el sistema de abonos mensuales. También es posible que el uso de las fichas fuera para servir a los asociados como comprobantes de haber pagado la cuota correspondiente, diaria o mensual, para tener acceso a las salas de contratación.

Existen dos tipos de fichas, una sin gráfila, al parecer la más antigua, y otra con gráfila de estrías. Ambas con similares anversos y reversos. De esta última se conocen hasta ahora tres troqueles distintos, con variaciones en las letras de la leyenda del reverso y los adornos que la rodean.

Todas estas variantes pueden ser observadas en la página “FICHAS USADAS EN LOS DIFERENTES ESTABLECIMIENTOS COMERCIALES CUBANOS” incluida en la temática de Fichas comerciales cubanas.