"EL TERREMOTO DEL 3 DE FEBRERO DE 1932 EN SANTIAGO DE CUBA"

Texto
Galería Imagenes


Dedicaremos esta pequeña muestra a uno de los desastres naturales más notables ocurridos en Cuba: el terremoto de 1932 que afectó a la ciudad de Santiago de Cuba. Lo haremos a través de 20 tarjetas postales pertenecientes a una extensa serie que al reproducir algunas de las fotos más significativas tomadas después del suceso nos va describiendo los grandes daños ocasionados a las calles y edificaciones de la ciudad así como mostrándonos diversas escenas relacionadas con los hechos. Aunque la impresión de esta serie es de pobre factura (posiblemente efectuada en la imprenta de un periódico local) no la queremos pasar por alto debido a su gran valor documental. A aquellos interesados en ver la serie completa le recomendamos visitar la página “Las tarjetas postales de la ciudad de Santiago de Cuba”, en preparación actualmente y que pronto publicaremos.

Veamos a continuación una pequeña reseña sobre este suceso:


Los primeros momentos

El dos de febrero de 1932, a eso de las cuatro de la tarde, se sintió en Santiago de Cuba un pequeño temblor de muy corta duración, que llamó la atención de algunas personas, aunque no le dieron mayor importancia en vista de que no tuvo continuación.

En la noche de ese día, como era costumbre, la población salió a pasear por los parques, a asistir a teatros y espectáculos públicos, o simplemente a disfrutar de una noche serena y apacible con un cielo tachonado de estrellas, antes de recogerse a sus viviendas para disfrutar del descanso habitual. Después de las once de la noche ya casi no se veía en las calles a los santiagueros, salvo algunos trasnochadores.

A la una y doce minutos en la madrugada del día tres, toda la ciudad fue sacudida por un violento temblor de tierra que hizo levantar de sus camas a todos los que dormían, y que alcanzó las características de un verdadero terremoto, produciendo el pánico más grande que registró, hasta entonces, la historia de Santiago de Cuba. Los vecinos despertaron entre el ruido ensordecedor que hacían las paredes al derrumbarse, saliendo despavoridos de sus casas, en busca de los parques públicos, paseos y alrededores de la ciudad donde pudieran librarse de los posibles estragos, mientras otro temblor, de menor intensidad, volvía a conmover la tierra produciendo la caída de paredes, techos y viviendas enteras.

Pocos minutos después invadieron la ciudad los carros y milicianos del Cuerpo de Bomberos, a la vez que se movilizaban las mujeres de su Brigada Femenina que se trasladaron de inmediato al Hospital de Emergencias, todos los cuales se convirtieron en los primeros héroes de la angustiosa jornada.


A la mañana siguiente

Al salir el sol se pudo ver en toda su intensidad la hecatombe producida por el terremoto. Montones de piedras, maderas y bloques de cemento interrumpían el tránsito, las casas que se mantenían en pie se veían llenas de grietas, mientras las cornisas de los grandes edificios se hallaban caídas o amenazaban con el derrumbe. Toda la ciudad ofrecía el triste aspecto de las grandes tragedias naturales.

Uno de los aspectos más dolorosos fue el desplome total de la Sala de Maternidad del Hospital Civil Saturnino Lora, uno de los primeros lugares donde se realizaron las labores de salvamento por parte del ejército, los bomberos y el personal del propio establecimiento, y donde perdieron la vida varias personas, entre ellas una madre que acababa de dar a luz un pequeño bebé, y que murieron ambos por el derrumbe de una de las paredes del local.


Principales daños

Todos los grandes edificios de la ciudad sufrieron, en mayor o menor medida,  considerables estragos. El Palacio Provincial, edificación de cantería y mármol de reciente construcción, residencia del gobernador y las oficinas gubernativas de la provincia, fue uno de los más afectados, al igual que la Catedral Metropolitana, que siempre ha recibido daños en anteriores eventos telúricos, el Hospital Civil Saturnino Lora, que perdió todo su frente y la Sala de Maternidad, y el Club San Carlos, construcción de tres plantas, la tercera de las cuales se destruyó por completo. También sufrieron afectaciones de importancia el establecimiento de ropa “La Dalia”, en la esquina de Saco y Pío Rosado, así como un pabellón del Centro Gallego, la Aduana, el Arzobispado, la Escuela Normal, el Mercado Vidal, el Edificio Salcedo, el Hotel Venus, el Hotel Luz, la Estación del Ferrocarril, la Audiencia Provincial, la Sociedad Luz de Oriente, la Iglesia Metodista de la esquina de las calles San Pedro y San Basilio, el Teatro Rialto, la Farmacia de Bottino, la Academia Politécnica, la Droguería Espinosa, la fábrica de “Ron Castillo”, la Cervecería Hatuey, las numerosas casas de la propiedad de Bacardí donde reswiden sus empleados, las oficinas de la Radio Corpored, la Marítima Parreño, la Agencia Ford, el Garage Chevrolet, el Café Campoamor, la Agencia Funeraria de Bueno y Feros, el Colegio de Abogados en los altos del Ten Cent, el Edificio Almeida, la tenería de Pedro Soler, la fábrica de cigarros “El Marino”, las casas comerciales de Cendoya y Compañía, Bergnes y Compañía, Rubio y Compañía, Tarín, Mercadé y otras más, así como multitud de viviendas particulares distribuidas por toda la ciudad.

También sufrió grandes daños el edificio de la Cárcel, donde ocurrieron varias víctimas, por lo que se ordenó el traslado de su población de seiscientos reclusos para La Habana, los que fueron conducidos en un tren militar, custodiado por soldados del Ejército, siendo la primera vez en la historia del país que un tren especial, con seiscientos presos, recorrió la isla de un extremo a otro.


Muertos y heridos

Las víctimas fatales fueron relativamente pocas en relación con la magnitud del desastre. Tres personas fallecieron por el derrumbe de la Sala de Maternidad del Hospital Civil; un vecino de Ayuntamiento número 3, que resultó herido grave y murió dos días después; una vecina de 60 años y un menor de 12, heridos que fallecieron en el Hospital de Emergencias; otra señora en Santo Tomás y Maceo; un niño en las cercanías de la Plaza del Mercado; un preso en el edificio de la Cárcel, y una señora que no era de Santiago de Cuba, pero había venido a visitar a una hija, y que falleció de un colapso poco después del terremoto.

Por su parte, en el Hospital de Emergencias fueron atendidos más de doscientos heridos, muchos de ellos de lesiones graves, destacándose la labor de auxilio realizada por el personal de turno en la instalación, que sin abandonar por un momento sus obligaciones, se mantuvo desde el principio prestando auxilio a las víctimas. También merecieron elogios los servicios brindados por numerosos facultativos y practicantes, así como varios estudiantes de medicina de la Universidad Nacional que se presentaron en el Hospital de Emergencias a ofrecer su colaboración.

Otro servicio muy eficaz fue el realizado por las ambulancias de la Clínica Los Angeles, la Colonia Española y la del Ejército Nacional, y muy en especial, la del propio Hospital de Emergencias, que fue la que más ayuda prestó y la primera que salió velozmente a recorrer la ciudad, recogiendo y trasladando a múltiples heridos.


Las noticias del desastre

Numerosos postes de los tendidos eléctrico y telefónico resultaron derribados, por lo que las comunicaciones se vieron de momento interrumpidas. Las primeras noticias del desastre fueron enviadas por el yate norteamericano “Kenkorn II”, embarcación de recreo que se hallaba fondeado en la bahía al ocurrir la catástrofe, cuyo capitán ordenó el desembarco de dos oficiales y varios tripulantes para que recogieran informes de los centros oficiales, a fin de su transmisión por radio a la Estación Naval de Guantánamo, a los Estados Unidos y a La Habana. De aquí la noticia fue difundida por cables telefónicos submarinos a Cayo Hueso, y de allí, a través de la Columbia Broadcasting System, al resto del país y del mundo.


Los auxilios a la población

Al tener noticias en La Habana sobre el terremoto, la Pan American Airways destacó dos aviones que volaron a Santiago de Cuba trayendo auxilios en víveres y medicinas, que contribuyeron a aliviar los sufrimientos de la población afectada. Durante el resto del día y los siguientes continuaron llegando aviones con más ayuda, así como trayendo personal médico, autoridades, periodistas y fotógrafos de los distintos medios de prensa del país.

Por su parte, el gobernador de Santiago de Cuba ordenó la creación de una Cocina Económica, que funcionó durante varios días, atendida por fuerzas del Ejército, para dar alimentos a la población necesitada.


Otras medidas oficiales

Desde los primeros momentos después de la catástrofe, el Coronel Jefe del Primer Distrito Militar dictó un Bando para el mantenimiento del orden público, por el que se disponía que para transitar por los lugares donde se hubieran producido daños, sería indispensable un permiso oficial de las autoridades militares, exceptuándose los dueños y empleados de los establecimientos afectados; así como que a cualquier persona que fuera sorprendida sustrayendo mercancías y otros actos de pillaje, se le haría fuego por las fuerzas del ejército y agentes de la autoridad que actuaran junto a ellos.

Asimismo prohibía dicho Bando transitar por las calles después de las diez de la noche, salvo a personas de reconocida honestidad, a  juicio de la fuerza pública, quedando también prohibida la divulgación o propalación de noticias falsas que resultaran alarmantes a la población, bajo penas de arresto o fuertes multas.


En el resto de la provincia

Muchas poblaciones de la provincia oriental sufrieron también los efectos del terremoto, entre ellas Guantánamo, Caimanera, Palma Soriano, el Caney, el Cristo, Songo, Palmarito de Cauto, San Luis, Bayamo, Holguín, y hasta la costa norte, donde se sintieron sacudidas en Banes y Cayo Mambí. En todas se afectaron, en mayor o menor medida, muchas edificaciones, pero no hubo que lamentar desgracias personales. En varios centrales azucareros, como el Palma, el América, el Miranda y otros de las cercanías, resultaron dañadas sus maquinarias, lo que obligó a paralizar las moliendas hasta que pudieron ser reparados los estragos. Prácticamente casi toda la provincia sintió los efectos del sismo, lo que da una idea de la fuerza y la intensidad del evento telúrico, uno de los mayores registrados hasta entonces en Santiago de Cuba.


Opiniones diversas sobre la catástrofe

Muchas opiniones fueron lanzadas respecto a la destrucción causada por el terremoto. Unos le echaban la culpa a los arquitectos, que sólo firmaban los planos y permisos para la construcción de edificios, dejando a los contratistas que se encargaran de hacer las obras a su antojo; otros alegaban que los materiales no servían o que no se habían seguido las indicaciones de los ingenieros; mientras que el arquitecto municipal de la ciudad afirmaba  que ni los ingenieros ni los contratistas eran culpables de la mala construcción de los edificios destruidos, sino los propietarios que, por escatimar el dinero, empleaban malos materiales y pagaban deficientemente la mano de obra.

Por su parte, diversos científicos explicaron las causas de la ocurrencia de los terremotos, provocados por los movimientos vibratorios y violentos de la corteza terrestre que originan sacudidas o conmociones de los suelos, con una intensidad muy variable, desde pequeños temblores apenas perceptibles hasta hundimientos de efectos catastróficos.

Una de las causas de los terremotos que afectan a la provincia oriental cubana es su cercanía a la llamada Hoya o Fosa de Bartlet, situada en el mar Caribe, entre la costa sur de Cuba, Jamaica y Haití, con una profundidad de más de cinco mil novecientos metros, en la que se afirma que existe un volcán submarino que cada ciertos períodos de tiempo entra en actividad, dando origen a maremotos y movimientos sísmicos de gran intensidad


Resumen de los temblores

En días posteriores a estos acontecimientos, el servicio meteorológico de las Antillas Menores, con residencia en Santiago de Cuba, envió al Observatorio Nacional una lista de los temblores ocurridos en la ciudad desde el día 2 hasta el 6 de febrero de 1932, los que sumaron un total de 18 sacudidas con una frecuencia de duración que varió entre 2 y 18 segundos, siendo este último tiempo el registrado a la 1 y 16 minutos de la madrugada del día 3, el más largo y terrible de toda aquella jornada, que dejó al sesenta por ciento de las edificaciones de mampostería y mixtas, parcial o totalmente destruidas o inhabilitadas.


Terremotos importantes en Santiago de Cuba

El 11 de junio de 1766, a las 11 y 5º minutos de la noche, tuvo lugar el más mortífero y violento terremoto, que causó 120 muertos y más de 600 heridos. Fueron destruidos el Hospital Civil y las iglesias de Dolores, Santa Lucía y el Carmen, que habían sido acabadas de edificar pocos días antes, así como sufrió considerables destrozos el edificio del Palacio Real, Audiencia y Sala de Justicia, donde falleció el alcalde de la ciudad y estuvo a punto de perecer el gobernador Francisco Cagigal, quien fue rescatado entre los escombros con síntomas de asfixia.

El 7 de mayo de 1842 un fuerte temblor sacudió a la ciudad, seguido diariamente por otros que se prolongaron hasta el día 15. En esta ocasión no hubo desgracias personales, aunque se afectaron varios edificios.

El 20 de agosto de 1852 se produjo, a las 8 y 30 minutos de la mañana, la primera sacudida de una serie de doce de un violento sismo, que sembró el pánico entre los habitantes de la ciudad, y que se sucedieron hasta el día 25. Y el día 31 del mismo mes, un fuerte temblor seguido de vientos huracanados y continuos, pese a lo cual sólo hubo que lamentar dos víctimas fatales y una docena de heridos. Sin embargo, más de 600 edificios fueron afectados, entre ellos algunas iglesias, que perdieron sus torres, y la Catedral Metropolitana, que tuvo que ser reconstruida parcialmente, registrándose pérdidas que ascendieron a más de dos millones de pesos.


El traslado de la ciudad

En los archivos oficiales de Santiago de Cuba se halla un interesante documento, en el cual, en previsión de los fenómenos sísmicos que amenazaban la ciudad, se proponía el traslado de la ciudad a otro lugar de la provincia donde fuera menor el peligro, aprovechando de paso resolver el viejo problema del abastecimiento de agua. La proposición no fue aceptada por el gobierno, pero demuestra una seria preocupación de las autoridades locales de la época sobre la situación geográfica de la capital oriental, enclavada en un sitio que aparece en la línea de potencial peligro de los movimientos de la corteza terrestre.

            ---

Deseando que el anterior recuento haya resultado de su agrado le invitamos a recorrer la galería de esta página donde podrá ver las postales en cuestión con sus correspondientes descripciones y a toda pantalla.