"LAS TARJETAS POSTALES SOBRE LOS DAÑOS DEL TERRIBLE CICLÓN DE 1926"

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La existencia de una extensa serie de postales conocida como  “Colección Mateos”, emitida por un estudio fotográfico habanero para mostrar los daños ocasionados por el terrible ciclón que azotó a la ciudad en Octubre de 1926, nos ha permitido preparar esta pequeña muestra donde podremos observar algunas de dichas piezas acompañadas de la típica reseña sobre el asunto en cuestión que incluimos generalmente en cada una de nuestras páginas.

Descripción de los ciclones:

De todos los fenómenos atmosféricos que ocurren en nuestro planeta, el más imponente y peligroso para Cuba y la región del Caribe es el ciclón o huracán tropical, cuyos vientos son de tal magnitud que pueden abarcar zonas de 200 o más kilómetros de ancho, destruyendo pueblos enteros y causando pérdidas en zonas boscosas, plantaciones agrícolas y vidas humanas. Nuestro país, debido a su situación geográfica y a su alargada configuración, es azotado casi todos los años por estos enfurecidos eventos tropicales que atraviesan la isla de sur a norte provocando un gran perjuicio en la economía nacional.

Por regla general los ciclones tropicales se forman a expensas de una perturbación característica de la atmósfera a la que se le ha dado el nombre de onda barométrica. Esta no se produce en una región única, aunque sí sobre el mar. Los ciclones de julio, agosto y septiembre se forman casi siempre en el Atlántico, entre el arco de las Antillas Menores y las costas del continente africano. Los de junio, octubre y noviembre suelen tener su origen en el Caribe Occidental, al sur de Cuba, condición que los hace muy peligrosos para nuestra isla. También pueden formarse ciclones, aunque no es usual, en pleno Golfo de México y en el Atlántico al norte de las Antillas. Su trayectoria más frecuente es, en primer lugar, hacia el noroeste, haciendo después una recurva hacia el norte y por último torciendo el rumbo hacia el nordeste.

Estos fenómenos no se forman indistintamente en cualquier mes del año. Para el Atlántico Norte, Mar Caribe y Golfo de México, la época más propicia para su formación, que se ha dado en llamar temporada ciclónica, se extiende desde junio hasta noviembre de cada año. Los meses de junio, julio y noviembre son los de escasa actividad ciclónica, y los de agosto, septiembre y octubre, de gran actividad. También se han registrado ciclones, de modo excepcional, en mayo, diciembre y enero.

Los efectos destructivos del ciclón se deben a la acción de los vientos y de las aguas. Los primeros van aumentando su velocidad, y por tanto su fuerza, desde la periferia hacia el centro, pudiendo producir rachas de hasta más de 200 kilómetros por hora. Estos vientos no son en realidad circulares, sino que describen amplias espirales hasta alcanzar el ojo o vórtice del huracán, donde siempre se aprecia la calma, o cuando más, vientos muy débiles. En nuestros ciclones, como en todos los correspondientes al Hemisferio Norte, el recorrido de los vientos se hace en sentido contrario al desplazamiento de las agujas del reloj.

El cuerpo del ciclón está provisto de una estructura de nubes que suele alcanzar una altura hasta de 12 kilómetros o más. De la capa más baja de nubes se desprende la lluvia cuya intensidad, al igual que los vientos, va en aumento desde la periferia hasta el centro. En el ojo o vórtice generalmente no existen nubes, por lo tanto, cesa la lluvia. La ausencia de nubes permite ver el cielo y el Sol, si es de día, y la Luna y las estrellas, si es de noche.

Las aguas contribuyen incrementar los efectos destructores del ciclón, pues ablandan la estructura de los edificios y la tierra, facilitando el derrumbe de paredes y el arrancamiento de árboles. Además, si la lluvia es muy intensa, puede provocar crecidas y desbordamientos de los ríos e inundaciones de las regiones bajas y pantanosas. Asimismo el agua del mar puede intervenir acrecentando la capacidad destructora de este organismo, por lo que constituye un gran peligro para la navegación, así como precipitarse sobre las regiones costeras bajas, produciendo un ras de mar (lo que ahora llamamos sunami) que arrasa con todo lo que encuentra a su paso, como ocurrió en 1932 cuando un huracán de gran intensidad destruyó por completo la localidad de Santa Cruz del Sur, en la costa meridional de la provincia de Camagüey, pereciendo en la catástrofe más de la mitad de su población.

 

El ciclón del 26

El 20 de octubre de 1926 fue un día infausto para la población habanera. Desde varios días antes las dependencias meteorológicas cubanas, el Observatorio Nacional, que dirigía en aquel entonces el doctor José Carlos Millás, y el Observatorio del Colegio de Belén, bajo la dirección del Padre Mariano Gutiérrez Lanza, Sacerdote Jesuita, habían anunciado la presencia de una perturbación ciclónica que tuvo su origen el día 15 en el Mar Caribe, al sur de Jamaica, y que se movía con rumbo noroeste en dirección al extremo más occidental de Cuba. Siguiendo su trayectoria día a día, el 17 se fijó su posición en las inmediaciones de la isla de Vieja Providencia, al este de Nicaragua, aumentando rápidamente su intensidad, y el 18, cruzaba al este del Cabo Gracias a Dios y se situaba al este de la isla Swan, manteniendo su rumbo original. Pero el 19, ya convertido en un peligroso huracán, inició su recurva al norte pasando al oeste de la isla de Caimán Grande, y en la madrugada del 20 cruzaba sobre la Isla de Pinos, y poco después penetraba por la región de Batabanó en la provincia habanera, descargando luego toda su fuerza sobre la capital cubana, donde ocasionó los más terribles destrozos provocados por un fenómeno atmosférico en toda su historia. Múltiples edificaciones resultaron dañadas, total o parcialmente, sobre todo en barrios humildes de la ciudad, como en la barriada de Pogolotti, en Marianao, que quedó destruida casi por completo, a la vez que cientos de árboles eran arrancados de cuajo en parques y avenidas; y derribadas más de la mitad de las instalaciones eléctricas y telefónicas. Las zonas cercanas al litoral sufrieron grandes inundaciones, así como las aledañas al río Almendares, mientras en la bahía eran destruidos todos los muelles y hundidas muchas embarcaciones, incluso algunas de gran porte, como el mercante cubano “Puerto Tarafa”.

Fueron horas terribles las que sufrió la ciudad esa mañana hasta que al mediodía el ciclón salió al mar y se alejó con rumbo noreste, dejando la desolación a su paso, los servicios públicos y las comunicaciones interrumpidas, los caminos y carreteras obstruidos, la población sin luz ni agua ni teléfono, los hospitales y casas de socorros llenos de muertos y heridos, la bahía convertida en un cementerio de barcos. Así era el cuadro dantesco que ofrecía la ciudad de La Habana aquel infortunado día.

 

También las poblaciones del interior de la provincia sufrieron enormes pérdidas, entre ellas el pueblo de Batabanó, donde la destrucción fue casi total debido a su situación geográfica en terrenos bajos de la costa sur, además de ser el punto por donde penetró el ciclón descargando toda su potencia. Asimismo se vio seriamente afectada toda la producción agrícola y los centrales azucareros de la provincia, algunos de los cuales resultaron destruidos en su totalidad..

 

Resumen y recuperación

El territorio barrido por el ciclón abarcó en su totalidad las provincias de La Habana y Matanzas, y desde Consolación del Sur, en Pinar del Río, hasta más allá de Cienfuegos y Sagua la Grande, en Las Villas, y se contabilizaron por las autoridades de la época 583 personas fallecidas y más de 5,000 heridos, aunque se suponía que el número de víctimas fuera mucho mayor teniendo en cuenta las embarcaciones hundidas y las personas que fueron enterradas en distintos lugares sin ser identificadas, así como la carencia de datos de algunas de las poblaciones del interior de la provincia.

Además de La Habana, donde se produjo la mayor cantidad de víctimas fatales, se reportaron fallecimientos en Alquízar, Arroyo Naranjo, Artemisa, Batabanó, Bejucal, Calvario, Campo Florido, Canasí, Caraballo, Central Fajardo, Central La Julia, Central Toledo, Cienfuegos, Guanabacoa, Guanajay, Güines, Güira de Melena, La Salud, Los Pinos, Managua, Marianao, Mariel, Matanzas, Mazorra, Melena del Sur, Quivicán, Regla, Sabanilla del Encomendador, San Antonio de las Vegas, San Antonio de los Baños, San Felipe, Santiago de las Vegas y la Isla de Pinos.

Consecuente con sus principios y su historia, la Cruz Roja Nacional tomó una participación activa en el auxilio a más de 30,000 damnificados, recorriendo toda la provincia, sin dejar un hogar sin visitar, y repartiendo alimentos, ropas y medicinas conducidas en trenes especiales a través de pueblos y ciudades, a la vez que despejaban las vías férreas de árboles y otras afectaciones. Por su parte, los miembros del Cuerpo de Bomberos, trabajando sin descanso durante todo el día del ciclón y la noche siguiente, lograron rescatar a múltiples vecinos que se encontraban en peligro de perecer a causa de las inundaciones y los derrumbes de viviendas. .

 No obstante la magnitud de la tragedia, el pueblo habanero y el gobierno local se volcaron de inmediato en la recuperación de los destrozos causados por el meteoro. Miles de personas fueron contratadas por las autoridades, junto con efectivos militares, para despejar las carreteras de los árboles derribados y en dos días se lograron restablecer las vías de comunicación, mientras otras miles se incorporaron voluntariamente a la recuperación del arbolado y la recogida de escombros, las afectaciones en los servicios públicos fueron rápidamente subsanadas, y en pocos días la ciudad de La Habana volvió a la normalidad y a su característica limpieza.

 

Detalles sobre la muestra:

Consta la galería adjunta de 16 tarjetas postales que nos muestran los destrozos causados por este ciclón en diferentes zonas de la capital cubana como el parque Central, la bahía, el barrio de Pogolotti, el Paseo del Prado, etc. 

Esperando que la contemplación de estas viejas imágenes resulte de su agrado le invitamos a que visite las diferentes páginas de esta temática de las tarjetas postales podrá encontrar las restantes piezas de esta interesante serie.