"LA PRIMERA CARRERA INTERNACIONAL DE AUTOS EN CUBA"

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Si de algo nuestros antepasados no se pueden quejar es de no haber disfrutado a tiempo de los grandes avances tecnológicos que revolucionaron al mundo en su momento. Se cuentan entre los primeros en hablar por teléfono, montarse en un tren o ver una película. Tampoco el automóvil los dejó atrás. Al pionero lo trajeron de Paris en 1898 y corría menos que un caballo aunque tenía dos de fuerza y ya a mediados de la primera década del siglo eran muchos los que andaban por la Habana. Tan fue así que sus dueños se atrevieron a organizar una carrera, no entre ellos (ya habían celebrado una y creado un Club en 1904 a lo cual dedicaremos un futuro trabajo) sino con la participación de los extranjeros más famosos del momento. Celebrada el domingo 13 de febrero de 1905 quedó para el recuerdo como la “Primera Carrera Internacional de Autos de Cuba” y a ella le dedicaremos esta página.

Claro que no fue esta carrera ni por mucho la primera de su tipo, que se había efectuado en Francia en 1894, con 126 Km de recorrido entre Paris y Rouen y la participación de 21 coches.  En Estados Unidos comenzaron las carreras con el siglo y ya en 1904 surgió la Copa Vanderblit, el primer trofeo entregado en la historia del automovilismo deportivo. Tal vez eso incentivó a que en Cuba se  programara esta carrera que entregaría también un hermoso premio, La Copa Habana. Con una distancia de 160 Km que resultaba de la ida y vuelta entre Arroyo Arenas y el pueblo de San Cristóbal en Pinar del Rio contó con la participación de unos pocos autos, dos conducidos por cubanos y el resto por franceses y norteamericanos. Fue un gran acontecimiento, con gran asistencia de turistas, amplia colaboración de las autoridades, miles de espectadores a lo largo del trayecto y unas gradas que se construyeron sin escatimar gastos y a las que asistió hasta el mismo presidente de la república.

En realidad  todo lo anterior no es nada nuevo, siendo harto conocido por los cubanos amantes del automovilismo. Sin embargo la suerte de encontrar una magnifica reseña que publicará el gran cronista de las primeras décadas de nuestro siglo pasado, la revista “El Fígaro”, nos ha inducido a preparar esta página. Para ello usaremos las dos crónicas que esta contiene, una publicada en el número 7 de ese año, del 12 de Febrero, un día antes de la competencia y otra que aparece en el siguiente número del 19 de Febrero con la descripción de lo sucedido.
Empecemos por la crónica previa a la competencia:

CRONICA COPIADA TEXTUALMENTE DE LA REVISTA “EL FIGARO” DEL 12 DE FEBRERO DE 1905:
(con imágenes intercaladas por nosotros a partir de ilustraciones que contiene la publicación)

 “El automovilismo llena hoy la actualidad. Por todas partes suena el taf taf de los carruajes automóviles que se disponen a llevar a sus afortunados dueños a la carretera de San Cristóbal para presenciar las interesantes Carreras que han de celebrarse hoy domingo.

Con ese motivo, la Habana se ha auto movilizado; y unos en el rico y extravagante automóvil, otros en el fastuoso mail coach, o en el grave y airoso vis-avis, y muchos en el democrático familiar y aun en el popular pesetero, buscan el modo de ir hasta el oscuro pueblo de Arroyo Arenas, lugar en donde comenzaran las carreras. Alii encontraran la elegante y esplendida glorieta que ha construido la “Asociación de Carreras Internacionales de Automóviles” y desde donde podrá el gran mundo presenciar las carreras, es decir, desde alii se verán partir las máquinas y después esperar.... para verlas venir. Para llenar el intermedio habrá carreras de bicicletas.

A través de la carretera desde Arroyo Arenas a San Cristóbal un ejército de ciclistas auxiliado por la Guardia Rural, cuidara de que no circule per la vía ningún bicho viviente y así podrán asegurar la vida a las inocentes gallinas y a los infelices falderillos que maldito lo que se les importa de las actuales ni de ninguna carrera automovilista.

Los lectores de EL FIGARO piden que les demos noticia del succés; y a ese deseo nos anticipamos ofreciéndoles algunas interesantes vistas del recorrido de las carreras, señalándoles, gráficamente, el lugar que parece más peligroso, aunque en rigor no hay peligro alguno, pues ya es sabido que subir a un automóvil y tomar un boleto de pasaje para el otro mundo, son poco más o menos términos que no se compadecen. . . hoy por hoy.

El Havana Garage de la calle de Zulueta ha sido el rendez-vous de los amateurs durante toda la semana. Alii han ido a guardarse no solo las magníficas máquinas de carrera que vienen a tomar parte en la contienda, sino también los coches de los turistas que han venido a presenciarla. El señor German López, gerente del Havana Garage, colmo a EL FIGARO de atenciones, poniéndolo en relaciones con los entusiastas sportmen que son hoy huéspedes de la Habana.

Entre las maquinas que han de tomar parte, figura, en primera línea, ya que no por su tamaño y potencia, al menos por su historia y velocidad, el afamado Renault de 30 caballos, propiedad del Mayor Miller y el cual (siendo entonces del señor W. Gould Brokan) fue el vencedor en las carreras Paris- Bordeaux-Madrid, llegando el primero a Bordeaux en cuyo punto fueron suspendidas las carreras por orden de las autoridades, en vista de los percances que ocurrieron. Este aparato será conducido hasta la mitad de la carrera por su propietario Mr. Miller, y por su chauffeur Mr. Joseph Tracey, la otra mitad.

Aun cuando este automóvil es de gran velocidad y en su día batió el record, seria hoy aventurado predecir su triunfo final en la lucha, dado que tomaran parte en las carreras otros que reúnen condiciones excepcionales.

Viene también el poderoso Mercedes, de la fábrica Constand, de Alemania, de 90 caballos de potencia y motor de cuatro cilindros verticales: es uno de los automóviles de carrera más poderosos. Este es el automóvil que marcado con el numero 6 gano en semanas pasadas en Ormond, Florida, las dos carreras de mayor velocidad y pequeña distancia que se han llevado a cabo en el mundo, haciendo la primera, de 10 millas, en 6 minutos y 21 segundos, y la segunda, de 5 millas, en 5 minutos y 15 segundos. En esta máquina irán su propietario Mr. E. R. Thomas, de New York, su mecánico H. A. Robinson y su chauffeur Edward Hawley. En las carreras de Ormond este aparato fue supeditado tan solo por el automóvil de Mr. Mac-Donald, vencedor en las carreras.

Desgraciadamente, esta poderosa máquina ha sufrido des- perfectos de consideración en las carreras de prueba efectuadas el viernes de esta semana. En la carretera de Guanajay, cerca de la bodega de Cayado, choco con un coche, lesionándose su dueño Mr. Thomas que lo dirigía y dos personas que le acompañaban, todos por fortuna de poca gravedad.

Otro de los que han llegado es el famoso De Dietrich, construido en la fábrica de Luneville, Francia, de 80 caballos de fuerza y motores verticales de 4 cilindros, el cual marcado con el número 41 en las carreras internacionales de Ormond, gano la carrera de 100 millas, recorriéndola en una hora y diez milésimas, Esta máquina tiene un envidiable record e ira dirigida por su propietario O. F. Thomas, en compañía de su chauffeur Fletcher. Los acompañara también el contramaestre de los talleres de Luneville M. Francois Chartier, el cual ha venido expresamente para ese objeto.

Esta máquina, aun cuando de menor potencia que la Mercedes ya descrita, tiene grandes probabilidades de éxito, pero fuera de combate la anterior casi casi puede decirse que se decidirá la lucha o dividirá el trofeo internacional.

También se han inscripto para correr la maquina «Mercedes,» de 40 caballos, del señor Marx, manejada por su chauffer Birk, quien ha exigido un seguro de 5,000 pesos;

Otra es la máquina «Mercedes,» de 60 caballos, del señor Conill, manejada por su chauffer Ernesto Carricaburu. Este chauffeur es cubano y correrá en Carreras por primera vez.

Y por último la maquina “Dietrich,” de 35 caballos, del señor Ramón Mendoza.

El señor Roland H. White y el señor Augustine Post han traído también dos automóviles White de vapor, los cuales tomaran parte en las Carreras de pequeña velocidad, si llegan a efectuarse, junto con el precioso Columbia. Es este un admirable y lujoso carruaje, de cuarenta y cinco caballos de fuerza, propiedad también del Mayor Miller: en él tuvo el gusto EL FIGARO de acudir a los ejercicios de prueba efectuados el miércoles de esta semana.

También han llegado centenares de turistas con un número considerable de automóviles de distintos modelos y sistemas, de los cuales algunos entraran en las carreras intermedias y otros figuraran como simples espectadores.

Muchos son los premios ofrecidos al vencedor en estas carreras. Entre todos, descuella la copa “Habana", obsequio del Ayuntamiento, de esta Capital, y que constituye una preciosa obra de arte del afamado orfebre señor Oscar Pagliery.

Dicha copa se compone de cuatro partes, a cual más artística y apropiada; LA TAPA, que es de plata, con una tarjeta en blanco para grabar el nombre del vencedor, adornada con un ramo de oro y rematando en una pina, con hojas, de oro, a dos colores; la COPA propiamente dicha, de plata, a dos tonos con dos centros de oro, viéndose en un lado en relieve un “Automóvil" y en el otro el “Castillo del Morro “, con dos asas adornadas de oro; EL PEDESTAL, tronco de palmera de plata, con hojas cinceladas de oro verde, llevando al pie, en plata, una figura representando a la Habana, con el escudo de la Ciudad, de oro y plata en la mano derecha, y en la izquierda, una corona de oro; alrededor, unas matas de caña y tabaco, de oro, representando la floresta cubana; y LA BASE, de plata, con una tarjeta rodeada de un ramo de laurel de oro verde con la siguiente inscripción: “El Ayuntamiento de la Habana al vencedor en las Carreras de Automóviles.—12 de Febrero de 1905“. La altura total de la “Copa Habana", es de 32 centímetros.”

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El ministro de los Estados Unidos Mr. Squiers regala otra artística y valiosa copa, procedente de la casa de Tiffany, de New York; nuestro colega La Lucha y las casas de quincalla Palais Royal, Dubic, Borbolla, El Anteojo y La Casa de Hierro regalan, a la vez, objetos de arte muy interesantes.

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La prensa americana ha enviado una nutrida delegación de reporters y fotógrafos a fin de obtener una información gráfica completa.
Por nuestra parte, nuestros lectores verán que no hemos escatimado medios, ocasión ni tiempo en darle los detalles e ilustraciones más interesantes concernientes a las carreras.
Y nos prometemos darles cuenta de sus resultados con la misma extensión.

CHRONIQUEUR.

Hasta aquí los preliminares de la carrera. Note que hemos respetado los términos (en francés o inglés según costumbre de la época) usados por el cronista que firma como Chroniqueur y que en realidad era Enrique Fontanills.

Veremos a continuación  la narración completa de lo sucedido en la competencia que, aunque contó con  pocos participantes, resulto bien emocionante.
A los corredores ya usted los conoce de arriba e incluso le hemos mostrado los autos que manejaron, así que está a tiempo de hacer su apuesta si está revisando esta página con alguien y no conocen todavía al ganador por lecturas anteriores. Atendamos de nuevo al cronista del Fígaro:

SEGUNDA CRONICA CON LA DESCRIPCION DE LAS CARRERAS APARECIDA EN LA REVISTA “EL FIGARO” DEL 19 DE FEBRERO DE 1905:

Motivo de legítimo orgullo colectivo ha sido el resultado de las primeras carreras internacionales de automovilismo efectuadas en Cuba.

Inutilizada la víspera de las carreras la poderosa máquina Mercedes de 90 caballos, propiedad del millonario Mr. E. R. Thomas, los expertos señalaban a otra de las potentes que se habían inscripto, la De-Dietrich, de 80 caballos, como la que mayores probabilidades reunía para el triunfo; la intrepidez e inteligencia reconocida de su chauffeur Mr. Fletcher daba a aquellas probabilidades el carácter de decisivas y no era secreto para nadie antes de comenzar las carreras que los amigos, y simpatizadores de tan popular sportman le atribuyeron la victoria por adelantado.

El segundo lugar de las carreras no podía discutírsele a la Renault, de Miller, que ya tenía patente de vencedora en las memorables carreras de Paris-Madrid. Las otras máquinas inscriptas, o sean las Mercedes de los señores Conill y Marx y la De-Dietrich del señor Ramón G. de Mendoza, bien podía decirse que entraban en el torneo por un espíritu de complacencia para dar brillantez a las carreras sin pretensiones de vencer a sus contrarios. No pensaba de ese modo, sin embargo, el pundonoroso señor Carricaburu, quien iba decidido lo mismo que su auxiliar señor Martínez, a aprovecharse de cualquier descuido de sus contrarios para arrollarlos en buena lid.

La glorieta de Arroyo Arenas estaba atestada de un público inmenso. El día era esplendido. El sol daba tintes brillantes al espectáculo y una fuerte brisa primaveral entibiaba el calor del Trópico.

El Jurado despedidor dio la orden de partir a las 12 y 10 en punto. La máquina Renault se colocó en la línea de avance y a la voz del Jurado arranco majestuosa y veloz como una flecha, perdiéndose en el horizonte a los pocos segundos. Siguióle en turno, la De-Dietrich, de Fletcher: este avanzo con su máquina al punto de partida, le dio la mano a su esposa, allí presente y sonrió, alegre y satisfecho, a sus amigos, como diciéndoles: “el triunfo es mío”. Mendoza, Lainé, Berndes y Merry, reloj en mano, esperaban el minuto preciso, y todos a una dieron la voz de mando. La De-Dietrich arrancó, pero a los pocos pasos, se detiene como potro espantado, retrocede, patina, su máquina atruena y ensordece como protestando de la demora, se acercan varios americanos y la empujan; Fletcher se tira del pelo, el mecánico, acierta a hacer funcionar las válvulas, y parte, al fin, como un rayo. En este tropiezo perdió algunos minutos. Que motivó esa interrupción?  Ningún periódico lo ha explicado hasta ahora, a pesar de haber sido uno de los episodios más interesantes de la partida de las máquinas. Los entendidos a quienes hemos consultado dicen que ese percance obedeció a un error del mecánico: la maquina llevaba cuatro registros de velocidad, el tercero de los cuales iba inutilizado. Al arrancar, el mecánico quiso ganar tiempo e hizo maniobrar demasiado violentamente las válvulas, pasando del primero al cuarto registro dando lugar a la interrupción que podría llamarse inercia por exceso de locomoción.

Detrás de la De-Dietrich partió la Mercedes, del señor Marx; a la cual siguió la del señor Conill, que salió como una pluma, manejada por Carricaburu, y por último, la De-Dietrich, del señor Ramón G. de Mendoza.

El público reunido en Arroyo Arenas iba conociendo por medio de un excelente servicio telefónico, que puso en comunicación todos los pueblos del camino, el tiempo que tardaba cada máquina en recorrer los diversos trozos de carretera y así se pudo apreciar el esfuerzo que iba realizando el chauffeur Carricaburu. Así se supo que había pasado a la De-Dietrich, a la que se le había ponchado una goma en Hoyo Colorado, perdiendo siete minutos, y en Las Mangas se le adelanto a la Mercedes, de Marx, que había salido diez minutos antes. Al llegar a San Cristóbal, solo la Renault había batido a Carricaburu con una diferencia de cerca de 2 minutos. A1 conocer ese resultado, el chauffeur cubano concibió ya el propósito firme de ganar la carrera.

Tenía que adelantar los dos minutos que le llevaba la Renault de ventaja y aumentar su record para vencerla. Según los cálculos de los que llevaban el score, exactamente opinan que ya al pasar por San Cristóbal tenia ganada la carrera y al llegar a Arroyo Arenas maravilló a todos cuando se conoció que había vencido a la Renault por minuto y medio de diferencia. El recorrido total de las 100 millas, ida y Vuelta entre Arroyo Arenas y San Cristóbal, lo hizo Carricaburu en 1 h. 50' 53 3/5", batiendo, además, el record del mundo, pues hasta hoy ninguna maquina ha hecho un recorrido igual en menos tiempo.

El entusiasmo del público congregado en Arroyo Arenas fue indescriptible. Centenares de voces aclamaron a Carricaburu, siendo luego cargado por la multitud, mientras la Banda Municipal tocaba el glorioso himno de Bayamo.

Para la inmensa mayoría del público el triunfo de Carricaburu fue una verdadera sorpresa, pues nadie podía presumir que un joven cubano que por primera vez corría una maquina automovilista pudiera vencer a hombres tan experimentados en esta clase de sport como el veterano Fletcher y el arrojado Tracey, teniendo estos, además, de su parte la circunstancia de montar máquinas de mayor potencia y mejor preparadas para carreras.

El arrojo y la inteligencia de Carricaburu y de su mecánico Oscar Martinez supieron aprovechar cuantas ventajas le proporcionaron las circunstancias, y con gran fe en el éxito y un amor propio nobilísimo triunfaron de sus competidores, en medio de una delirante ovación.

El triunfo inesperado y resonante de un cubano en estas carreras asegura su éxito para años venideros. Los vencidos, tocados en su amor propio, vendrán el año próximo a quitarle la copa “Habana’’ y con ello quedara arraigada en Cuba la afición por un sport tan extendido en el mundo entero como el del automovilismo.

Merece bien de Cuba el eficacísimo trabajo de propaganda realizado por la “Asociación de Carreras Internacionales de Automóviles”: su campaña ha sido fecundísima en bien general. La Habana ha recibido el honor de tener como huéspedes a un grupo bastante numeroso de sportsmen que han venido de los Estados Unidos a tomar parte y a presenciar las carreras: ellos se van gratamente impresionados de Cuba y el año que viene volverán y traerán a mayor número de compatriotas suyos. No solo esto, que ya es bastante para que la “Asociación” este de plácemes, sino también la gloria que le ha cabido de introducir entre la alta sociedad cubana un sport tan refinado.

Alma de la “Asociación de las Carreras Internacionales de Automóviles” es el señor Ramón G. de Mendoza, que ha trabajado con un desinterés y entusiasmo extraordinarios. Su labor meritísima encontró eficaces colaboradores en toda la Directiva de la “Asociación”, particularmente en su Presidente, señor Enrique Conill.

La expectación de los lectores de EL FIGARO quedara satisfecha con la publicación de los interesantísimos grabados que aparecen en este número relacionados con las carreras. No hemos omitido esfuerzo alguno para que nuestros fotógrafos especiales recogieran en sus cámaras desde Arroyo Arenas, lo mismo que desde Guanajay y San Cristóbal, los episodios y las notas graficas más importantes de tan memorable acontecimiento sportivo.

Hasta aquí lo que nos cuenta el papel de una carrera que como podremos ver en las imágenes de la galería fue un éxito, un espectáculo muy diferente a los actuales (que son elitistas y bien complicados con sus velocidades de vértigo, sus cambios de neumáticos y sus muchas reglas) en el cual todos disfrutaron de lo lindo, los ricos desde las gradas y los pobres desde las cunetas, viendo los novedosos aparatos rodantes pasar veloces a unos pocos metros de distancia. Es interesante que si sacamos cuentas la velocidad veremos como la del auto ganador (100 millas - 160 Km aprox. - en 1 hora y 50 minutos =  87 Km/h) no fue poca para un trayecto tan accidentado e irregular. Otra de las virtudes de la justa fue la ausencia de algún accidente que enturbiara la alegría por el triunfo cubano pues por esa época comenzaban a abundar los accidentes mortales en ese tipo de justa.

Deseando que haya disfrutado de la carrera lo invitamos ahora a repasar la galería adjunta donde podrá ver a toda pantalla los testimonios gráficos que nos dejó “El Fígaro” sobre tan memorable justa.

Listado de Imágenes incluidas en la galería:

No.----Descripción

01----Mr. E.R. Thomas en su máquina “Mercedes”

02----Curva de Cantarrana, la más peligrosa

03----Estado de los trabajos de construcción de la glorieta

04----El mayor Miller en su máquina “Renault”

05----Las dos máquinas “White” para carreras de pequeña velocidad

06----Trozo de carretera al pasar por Caimito

07----El automóvil “Columbia” de Mr. J. M. Miller

08----La carretera en el tramo próximo a Guanajay

09----Mr. J. Morgan, “manager” general de las carreras

10----Automóviles de turistas a la salida de Artemisa

11----Varios automóviles en la plaza de Guanajay

12----Un alto en el camino para reparar una avería

13----La máquina vencedora “Mercedes” Núm. 5.

14----El jurado constituido en San Cristóbal

15----La máquina “Renault” Núm. 2 que obtuvo el segundo lugar

16----Aspecto de los palcos y el “stand” en Arroyo Arenas

17----Parte del “stand” y el público en Arroyo Arenas

18----El Palco de la Prensa: Fontanills, Víctor Muñoz, etc.

19----Aspecto de los palcos en Arroyo Arenas

20----El Palco del Señor Presidente de la Republica

21----La máquina “Mercedes” Núm. 5 al darle salida en Arroyo Arenas

22----La máquina “Mercedes” Núm. 5 al llegar a Arroyo Arenas

23----La máquina “Mercedes” Núm. 4 del Señor Marx al llegar a San Cristóbal

24----Tarjeta postal a colores con la misma imagen anterior

25----La máquina “Renault” Núm. 2 de M. Miller al pasar por Guanajay

26----La máquina “De-Dietrich” Núm. 41 en los momentos de sufrir un accidente

27----La máquina “Mercedes” Núm. 4 del Señor Marx al darle salida el Despedidor

28----El millonario Mr. Thomas y su esposa en el “Stand” de Arroyo Arenas

29----El “chauffeur” M. Fletcher despidiéndose de su esposa

30----Sr. Ramón Mendoza, secretario de la Asociación

31----Copa ofrecida por el Ayuntamiento de la Habana al vencedor

32----Página de la revista El Fígaro con la reseña previa a la carrera.