"LA CAMPAÑA DE ALFABETIZACIÓN CUBANA A TRAVES DE SUS RECUERDOS"

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La Campaña de Alfabetización fue uno de los grandes logros de la Revolución Cubana.

Con  seis décadas bajo el implacable paso del tiempo su transcurrir se convierte en leyenda pero sus recuerdos se van perdiendo y cada día cobran mayor importancia para ayudarnos a no olvidar. Por ello hemos ido formando con paciencia una pequeña colección a la que dedicaremos esta página. 

Sin embargo tanto respeto nos inspira esa gran gesta que para escribir sobre ella hemos recurrido a alguien más ducho en este tipo de tarea: el experimentado fotógrafo y editor Julio Larramendi, quien sin demora y entusiasta como siempre, después de revisar la colección, además de ayudarnos con el trabajo de la fotografía ha preparado la siguiente reseña:
 

"LA CAMPAÑA DE LA ALFABETIZACIÓN EN CUBA"

Es un adolescente de trece años y por primera vez se separa de su familia y de las comodidades de una casa en la gran ciudad. En la fotografía, su atenta mirada supervisa lo que dos campesinos, apoyados en una rústica mesa, escriben trabajosamente en sus libretas.

Será el inicio de una relación que durará varios meses y cuyos resultados cambiarán el curso de la historia de Cuba. Como este jovencito, miles de coetáneos respondieron al llamado de la Revolución para marchar por todo el país a enseñar a leer y escribir.


ANTECEDENTES

En enero de 1959 la Revolución encontró un panorama dramático de casi sesenta años de explotación y atraso, que se refleja en un 50 % de la población infantil privada de servicios educacionales, y un notable índice de ausentismo escolar entre quienes los recibían; el analfabetismo alcanzaba el 23,6 % en las personas mayores de diez años, de una población con algo más de seis millones de habitantes, y en las zonas rurales crecía hasta el 41,7 %. A ello se unía el semianalfabetismo de quienes no habían podido rebasar los primeros grados de la enseñanza primaria.

En su alegato de autodefensa en el juicio por el asalto al cuartel Moncada —26 de julio de 1953—, conocido luego como La Historia me absolverá, Fidel Castro señalaba entre los seis puntos de su programa político, el problema de la educación:

¿En un campo donde el guajiro no es dueño de la tierra para qué se quieren escuelas agrícolas? ¿En una ciudad donde no hay industrias para qué se quieren escuelas técnicas o industriales? Todo está dentro de la misma lógica absurda: no hay ni una cosa ni otra. En cualquier pequeño país de Europa existen más de doscientas escuelas técnicas y de artes industriales; en Cuba, no pasan de seis y los muchachos salen con títulos sin tener dónde emplearse. A las escuelitas públicas del campo asisten descalzos, semidesnudos y desnutridos, menos de la mitad de los niños en edad escolar y muchas veces es el maestro quien tiene que adquirir con su propio sueldo el material necesario. ¿Es así como puede hacerse una patria grande?

En ese mismo programa se planteaba la solución al problema:

…un gobierno revolucionario procedería a la reforma integral de nuestra enseñanza […] para preparar debidamente a las generaciones que están llamadas a vivir en una patria más feliz. No se olviden las palabras del Apóstol: […] “El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento y en la dirección de los sentimientos”. “Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre”.

En plena lucha insurreccional el Ejército Rebelde se preocupaba por enseñar a leer y escribir a sus soldados y a los campesinos de las zonas liberadas; luego del triunfo, la Dirección de Cultura de esa fuerza armada iniciaría, en fecha tan temprana como febrero de 1959, la alfabetización dentro de sus filas. A propuesta del sacerdote Cipriano Cavero Prieto —quien había subido al macizo montañoso del Escambray como capellán de los rebeldes—, participaron también miembros de la Agrupación Católica Universitaria y del Colegio de Belén, de la Compañía de Jesús. Emilio Cueto recuerda que con 15 años y estudiante en Belén, alfabetizó a soldados rebeldes en el campamento militar de Managua, junto con decenas de otros jóvenes compañeros que se mantuvieron enseñando por dos meses, hasta recibir la notificación de que el programa se descontinuaría.

El Ministerio de Educación, en marzo de 1959, creó la Comisión Nacional de Alfabetización y Educación Fundamental, que al igual que el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), enseñó a leer y escribir a algunos miles de cubanos en distintos lugares de la Isla. Esa Comisión Nacional estaba presidida por el doctor Armando Hart Dávalos, ministro de Educación, y junto a él accionaban los destacados pedagogos Mario Díaz Hernández, coordinador nacional, y Raúl Ferrer, vicecoordinador; más adelante también contó con representantes de numerosas instituciones y organizaciones, como las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), el Colegio Nacional de Maestros, la Confederación —luego Central— de Trabajadores de Cuba (CTC), la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar) y el Ministerio de Salud Pública (Minsap). Completaban la Comisión los seis coordinadores provinciales, para un total de 39 integrantes, y funcionaban cuatro secciones: Técnica, Estadísticas, Finanzas y Propaganda.

 

CUBA SE PREPARA

El 29 de agosto de 1960, en la graduación del primer contingente de Maestros Voluntarios, Fidel anunció: “El año que viene vamos a librar la batalla contra el analfabetismo. El año que viene tenemos que establecernos una meta: liquidar el analfabetismo en nuestro país”.  Entre septiembre y diciembre de ese mismo año se iniciaron los trabajos preparatorios con la realización de un censo que arrojó un total de 979 207 iletrados en el territorio nacional,  y se hizo pública la formula (QTATA)²:

-Que Todo Analfabeto Tenga un Alfabetizador

-Que Todo Alfabetizador Tenga un Analfabeto

El 28 de diciembre de 1960 se realizó en Sancti Spíritus la Reunión Nacional para valorar la Cartilla Venceremos y el Manual Alfabeticemos, formidables herramientas educacionales para iniciar la gran ofensiva contra la incultura. En el parque Serafín Sánchez, en masivo y combativo acto, el pueblo se comprometió a respaldar la epopeya.

Pocos días después, el 31 de diciembre, junto a miles de maestros, el Comandante en Jefe esperó el Año de la Educación en Ciudad Libertad, y allí reiteró la idea de erradicar el analfabetismo en solo un año, al explicar que las dos grandes tareas para 1961 serían la educación y la defensa. El 1.0 de enero fue la fecha oficial del comienzo de la Campaña de Alfabetización.

Por esos primeros días de año, el gobierno norteamericano, encabezado por el presidente Dwight D. Eisenhower, a solo tres semanas de la entrega del mandato a John F. Kennedy, rompió relaciones diplomáticas con Cuba, mientras la prensa estadounidense realizaba una intensa operación política y mediática con el fin de justificar la intervención armada a la Isla. La peligrosa situación que se cernía sobre el país obligó a dedicar ingentes recursos materiales y humanos a la preparación militar para la defensa de la Revolución. Sin embargo, a pesar de tamaña contingencia, la Alfabetización continuó su rumbo: defensa y enseñanza avanzaron simultáneamente.

 

LOS MEDIOS UTILIZADOS

Como narra Mirta Muñiz en su libro Mi profesión a debate,  se requería una gigantesca acción de publicidad de bien público para acompañar tamaña tarea.

Para apoyar esta heroica e histórica gesta se crearon dos equipos; uno, radicado en un cuarto del segundo piso de la antigua residencia del derrocado dictador Fulgencio Batista en Columbia, se encargó del contenido de la cartilla y el manual que se utilizarían, con Manuel Moro como coordinador y Mario Masvidal como diseñador; mientras, el dirigido por Mirta Muñiz recibió la encomienda de diseñar otros medios que servirían de herramientas a los alfabetizadores y la publicidad que acompañaría a las Brigadas Conrado Benítez, y estuvo integrado por Celia Torriente (redactora), Alberto Pozo (periodista y redactor), Fernando Menció (fotógrafo), Guillermo Menéndez (diseñador), Rebeca Jiménez (coordinadora), Eduardo Saborit (compositor) y Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí (poeta).

Se utilizó un lema central que parafraseaba como “Ser cultos para ser libres” una aseveración de José Martí: “Ser culto es el único modo de ser libre”. El jingle Alfabetiza, alfabetiza, cubano, que Cuba te premiará por ese gesto martiano, fue cantado por muchos artistas del patio, desde el intérprete de música campesina Ramón Veloz, hasta la cancionera Ester Borja.

El himno

Compuesto por Eduardo Saborit, se creó un himno para acompañar el viaje de los jóvenes citadinos al campo:

Cuba, Cuba,
estudio, trabajo, fusil,
lápiz, cartilla, manual,
alfabetizar, alfabetizar.Venceremos.

Somos las Brigadas Conrado Benítez,
somos la vanguardia de la Revolución,
con el libro en alto cumplimos una meta:
llevar a toda Cuba la alfabetización.

Por llanos y montañas el brigadista va,
cumpliendo con la patria,
luchando por la paz.
Abajo imperialismo, arriba libertad.
Llevamos con las letrasla luz de la verdad.

Cuba, Cuba,
estudio, trabajo, fusil,
lápiz, cartilla, manual,
alfabetizar, alfabetizar.
Venceremos.


Logotipo y monograma

El logotipo de la Campaña, diseñado por Mario Masvidal, tenía la letra a, acompañada de papel y lápiz. En forma de monograma, los brigadistas lo portaban en sus uniformes, sujeto a la hombrera.


La solicitud de ingreso

Los menores de edad debían llenar una planilla de solicitud, en la cual, además de sus datos personales, tenía que aparecer la firma de los padres.


El carné

Cada alfabetizador recibió, firmado por el coordinador nacional de la Campaña, un carné con su fotografía, datos generales y su número. En el reverso, junto con la imagen de Conrado Benítez, se incluía el “Decálogo del brigadista”, una suerte de código de conducta.


El uniforme

Se diseñó un uniforme compuesto por pantalón verde olivo, herencia del Ejército Rebelde; blusa o camisa gris y verde, símbolo del alfabetizador, y boina verde olivo, recuerdo de las milicias obreras, a las que aún les quedaba por escribir su página más brillante en la derrota de la invasión por Playa Girón. Se entregaba además una mochila.


El farol

Como un importante elemento gráfico se tomó el farol que llevarían los brigadistas para iluminar las noches de estudio. Mirta Muñiz narra en su ya citado libro que algunas personas se oponían a su uso como símbolo, porque era un farol chino y no veían cómo “cubanizarlo”. Se distingue en muchas fotografías, algunas icónicas, como la de Alberto Korda; protagonizó la historieta “Un día del alfabetizador”, publicada en el periódico Revolución, y llegó hasta los créditos del Noticiero ICAIC.


La cartilla Venceremos

Su contenido, de quince lecturas ilustradas, era totalmente novedoso y reflejaba con fotografías y textos las transformaciones realizadas en apenas dos años por la Revolución: las batallas libradas por el canciller Raúl Roa en la OEA, la Ley de Reforma Agraria, las nuevas construcciones por todo el país, el impulso a la industria, la pesca, el turismo nacional y la agricultura, la formación de las milicias y mucho más.

Ni en la cartilla ni en el manual se registran los autores. Es presumible que las fotografías de la cartilla sean de Alberto Korda, no solo por el estilo, sino porque el diseñador Mario Masvidal siempre acudía a sus servicios.


El manual Alfabeticemos

Contenía las instrucciones para utilizar la cartilla y breves explicaciones sobre cada uno de los temas que aparecían en esta.


El folleto Cumpliremos

Dirigido a los brigadistas, bajo el título interior Temas sobre la Revolución para los alfabetizadores, recogía textos sobre la situación antes de 1959 y la obra desarrollada hasta ese momento. Bellamente ilustrado, se desconoce el autor de las 23 acuarelas.


La bandera

Para el momento de declarar un territorio libre de analfabetismo se creó una bandera roja con un libro convertido en paloma de la paz, diseñada por Guillermo Méndez. Era izada en fábricas, barrios, municipios y provincias cuando se daba por terminada la tarea.


Imperdibles (pines) e identificadores

Fueron diseñados y producidos más de una decena de tipos de pines, con la utilización de elementos gráficos de la Campaña. Para identificar las casas que alojaban a los brigadistas o habían realizado algún aporte, se produjeron calcomanías y planchas metálicas con textos como: “Nosotros contribuimos. ¿Y Usted?”.


Sellos de correo y postales

En diciembre de 1961 fue emitida una serie de cuatro sellos con los símbolos de la Campaña. Se imprimieron, asimismo, algunas postales con temas alegóricos.


Carteles

Aunque no fueron muchos, adelantan lo que sería, muy pocos años después, el fuerte movimiento de diseño y producción artesanal de carteles cubanos, pues exhiben una diversidad de recursos y conceptos gráficos muy novedosos para tan temprana etapa de la Revolución. No pocos carecen de texto y apelan a los símbolos de la gesta. Casi 60 años después, todavía se desconocen algunos autores; erróneamente se le ha atribuido a Mario Masvidal el cartel en el cual un alfabetizador aniquila al águila imperial con un lápiz, cuyo lema base era: “Contra el imperialismo yanqui, alfabetiza”.

En un caso, una fotografía se convierte en protagonista y representación de la Campaña y los cambios sociales en nuestro país: un adolescente negro con su uniforme porta alegremente la cartilla, el manual y el farol, con una palma real de fondo, símbolo del campo cubano. Si bien no se ha podido acreditar la autoría de la foto, quedan muy pocas dudas de que sea de Alberto Korda, quien en reiteradas ocasiones por esa misma época tomó la palma como referente en varias imágenes de Fidel y de campesinos, en composiciones verticales muy similares.

La historia de la foto y su protagonista no termina ahí. Pocos años después aquel joven, un santiaguero llamado Juan Morales Hechavarría, escribiría su propia leyenda como deportista, pues llegó a ser recordista cubano y centroamericano de 110 metros con vallas, y a solo siete años de su participación en la Campaña de Alfabetización, ganó medalla de plata en el relevo 4 x 100 metros en la Olimpiada de México 68.

 

CUBA EN CAMPAÑA.

A la proeza de marchar a todos los rincones del país se incorporaron voluntariamente 100 000 jóvenes estudiantes, la gran mayoría de los cuales vivían en las ciudades, y se alojaron en los humildes hogares de los campesinos para enseñarlos a leer y escribir. Estaban organizados en brigadas que pronto tomaron el nombre de Conrado Benítez, en honor al maestro voluntario asesinado por las bandas contrarrevolucionarias en la sierra del Escambray, sobre quien Fidel expresó: “¡Después de muerto ese maestro seguirá siendo maestro! (...). Ese maestro es el mártir, cuya sangre servirá para que nosotros nos propongamos, doblemente, ganar la batalla que hemos emprendido contra el analfabetismo (...). El mártir del Año de la Educación, el mártir de los maestros”.

A los estudiantes se unieron más de 120 000 alfabetizadores populares y unos 12 700 jóvenes obreros organizados en las Brigadas Patria o Muerte, de la CTC. Contaron, además, con cerca de 35 000 maestros, que actuaban como asesores pedagógicos. En total se movilizaron 257 929 personas.

Gran parte de aquellos adolescentes no se habían separado jamás de sus hogares, y fueron ubicados en zonas rurales intrincadas, entre personas aún desconocidas, muchas veces con modos de vida y costumbres distintos a los suyos, compartiendo las condiciones de pobreza que no habían superado todavía la mayoría de aquellas familias, olvidadas hasta entonces, y ayudándolas en sus labores cotidianas.

El más grave de los problemas radicaba en que una cifra considerable de los brigadistas llevaba a cabo su honrosa misión en lugares donde operaban bandas contrarrevolucionarias, y solo portaban como armas sus cartillas y la convicción de que realizaban una obra noble y digna. Ese carácter pacífico no impedía, sin embargo, que las bandas armadas atacasen frecuentemente a los maestros y a los hogares que los cobijaban, y hasta asesinaran a varios de ellos, como Manuel Ascunce Domenech y Delfín Sen Cedré, y a campesinos que eran alfabetizados, como Pedro Lantigua y Eliodoro Rodríguez Linares.

Pero la alfabetización no solo se realizó en las zonas rurales. En ciudades y poblados se crearon centros, en muchos casos, nocturnos, para facilitar la instrucción de quienes debían trabajar en horas del día.

Dos meses después de la victoria de Playa Girón, el 18 de junio, se efectuó la primera graduación masiva de 3 500 alfabetizados de La Habana, y a partir de ese día, Fidel recibió miles de cartas escritas por los recién iniciados en la escritura, para darle las gracias. El final de la primera de ellas, decía: “ya nunca tendré que firmar con los dedos ahora siempre firmaré así: María Cruz”.  El líder de la Revolución cubana ratificó, más de una vez, que a pesar de la invasión y de otras agresiones, el noble empeño no se interrumpiría. El 30 de junio, en su histórica y vigente intervención en una serie de reuniones con artistas y escritores celebradas en la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, conocida como Palabras a los intelectuales, expuso con meridiana claridad la política cultural de la Revolución, que contemplaba la creación de un público masivo para la obra de los creadores, cuyo primer paso era, precisamente, la Campaña de Alfabetización.

En el acto en homenaje al 26 de Julio, Fidel reiteró el papel de los jóvenes en la gesta que llevaba la luz del conocimiento a los más necesitados. Ese día fue declarada la Ciénaga de Zapata “Territorio Libre de Analfabetismo”, y el 27, al inaugurar allí el Parque Turístico Nacional, destacó de nuevo la acción de los brigadistas del lugar.


LA VICTORIA FINAL

En el mes de noviembre comienzan las graduaciones masivas en fábricas, campamentos, centrales azucareros, municipios... La cantidad iba creciendo por días. El 5 de noviembre se izó la bandera de la Alfabetización en Melena del Sur, primer municipio cubano en erradicar el analfabetismo, y Fidel exhortó a los jóvenes presentes: “¿Ustedes han terminado ya aquí? Pues, bien, ¡salir inmediatamente a reforzar a otros municipios! […] Esto es como en la guerra: una unidad tomó una posición y va inmediatamente hacia otro sitio a reforzar a sus compañeros, a reforzar a sus fuerzas allí donde la batalla es más dura”.  E hizo el llamado para culminar el próximo 20 de diciembre.

A Melena del Sur siguieron los municipios de San Antonio de las Vegas, el 7 de noviembre, y Santa María del Rosario, el día 9. Más tarde: Marianao, Fomento y Mayarí. El 7 de diciembre la otrora provincia de La Habana fue la primera en declararse Territorio Libre de Analfabetismo. Hasta el 9 de ese mes, 49 municipios habían erradicado el doloroso flagelo. Ya la batalla era una victoria.

El 13 de diciembre comenzaron a llegar a La Habana los triunfantes maestros, que fueron albergados por familias habaneras. Se inició en la capital la Semana del Brigadista y el 20 de diciembre se declaró terminada oficialmente la Campaña.

Habían sido aprendido a leer y escribir 667 484  cubanos, por lo que el índice de analfabetismo en la Isla quedó reducido a 3,9 % de su población total, segmento que incluía a 25 000 haitianos residentes en las zonas agrícolas de Oriente y Camagüey, quienes no dominaban el idioma español, impedidos físicos y mentales, y personas que, por su avanzada edad o deficiente salud, fueron declaradas inalfabetizables. Ello colocó a nuestro país entre las naciones de más bajo índice de analfabetismo en el mundo.

Ocho meses después de la victoria de Girón, el 22 de diciembre, Cuba se proclamó Territorio Libre de Analfabetismo. En el acto realizado en la Plaza de la Revolución, un mar de brigadistas con sus uniformes y portadores de gigantescos lápices y banderas rojas, corrieron a la base del monumento a José Martí, donde Fidel se disponía a realizar su discurso. Entre ellos, aquel adolescente de la fotografía, que ya se veía más alto, más seguro.

El líder revolucionario aseguraba:

Ningún momento más solemne y emocionante, ningún instante de júbilo mayor, ningún minuto de legítimo orgullo y de gloria, como este en que cuatro siglos y medio de ignorancia han sido derrumbados.

Hemos ganado una gran batalla, y hay que llamarlo así: batalla, porque la victoria contra el analfabetismo en nuestro país se ha logrado mediante una gran batalla, con todas las reglas de una gran batalla.

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1-Fidel Castro: La Historia me absolverá. Recuperado de http://www.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2009/05/la-historia-me-absolvera-fidel-castro.pdf

 2-Ídem.

3-Recuperado de:
http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-pronunciado-en-el-acto-de-graduacion-de-los-maestros-voluntarios-su-regreso-de-la-campana-de-alfabetizacion

4-Comisión Nacional de Alfabetización. Sección de estadística, tomo 1. Museo de la Alfabetización.

5-Ídem.

6-Mirta Muñiz: Mi profesión a debate, La Habana, Ediciones FORMA, 2012, p. 92.

7-Recuperado de http://www.fgr.gob.cu/es/como-logro-cuba-el-milagro-de-la-alfabetizacion-en-solo-un-ano

8-Comisión Nacional de Alfabetización, cit.

9-Recuperado de http://www.granma.cu/cuba/2016-12-22/una-batalla-verdaderamente-epica-22-12-2016-00-12-51?page=2

10-Recuperado de http://www.fidelcastro.cu/en/node/3163

11-Comisión Nacional de Alfabetización, cit.

12-Recuperado de http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f221261e.html

                                                                                                  ----------

Pues bien, después de esta reseña tan útil para ayudarnos a repasar la colección que le mostraremos solo nos queda organizar la galería adjunta.

Para ello usaremos los siguientes prefijos al numerar  las imágenes:

A – Aditamentos y artículos usados por los brigadistas: traje, farol, distintivos, etc.

C – Cartillas y Manuales

D – Documentos: planillas, carnets, etc.

E – Objetos y reconocimientos creados a finales de la campaña: banderas, medallas, adornos, etc.

F – Fotos relativas a la campaña.

Esto ha dado lugar al siguiente listado de imágenes:
 

No.----Descripción

A-01----La camisa del uniforme del alfabetizador

A-02----El pantalón del uniforme

A-03a----La Mochila. Vista anterior

A-03b----La Mochila. Vista posterior

A-04----El cinto y la boina

A-05----La boina

A-07----El farol del brigadista

A-11----El logotipo de la Campaña

A-12----El logotipo de la Campaña – diferente al anterior

A-13----El logotipo insertado en la hombrera del uniforme

A-16----Pin - Alfabetizador – Comisión Nacional de Alfabetización

A-17----Pin – Ejercito de Alfabetización – Brigadas Conrado Benítez

A-18----Pin – Ejercito de Alfabetización – Brigadas Conrado Benítez (diferente al anterior)

A-19----Pin – Alfabeticemos – Consejo Municipal de Educación - Habana

CA-01----Cartilla “Alfabeticemos” – Portada

CA-02----Cartilla “Alfabeticemos” – Pagina presentación

CA-03----Cartilla “Alfabeticemos” – Pagina 41 e imagen adjunta

CA-04----Cartilla “Alfabeticemos” – Ultima página con datos de impresión

CC-01----Folleto “Cumpliremos” - Portada

CC-02----Folleto “Cumpliremos” – Pagina presentación

CC-03----Folleto “Cumpliremos” – Lamina No. 1

CC-04----Folleto “Cumpliremos” – Lamina No. 2

CC-05----Folleto “Cumpliremos” – Lamina No. 3

CC-06----Folleto “Cumpliremos” – Lamina No. 4

CC-07----Folleto “Cumpliremos” – Lamina No. 5

CC-08----Folleto “Cumpliremos” – Lamina No. 6

CC-09----Folleto &ldquo