"PLAZA DEL VAPOR O MERCADO DE TACÓN " EL SITIO DE LOS DOS NOMBRES BIEN DIFERENTES"

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Es la Plaza del Vapor uno de esos sitios emblemáticos de nuestro pasado que ha tenido la virtud de confundirnos cuando aparece en las imágenes que nos legó durante su larga existencia. La razón son los diferentes nombres con que fue conocida por la población habanera. Unas veces como Plaza del Vapor, otras como Mercado de Tacón la vemos en los diferentes grabados, tarjetas postales, fotos, etc. que han llegado a nuestros ojos. Para aclarar dicha dualidad hemos recurrido a viejas crónicas a través de las cuales hemos podido conocer su historia y aclarar dicho entuerto. Veamos:

A principios del pasado siglo, la población habanera era ya tan numerosa que, rebasando el límite pétreo que marcaban las murallas, había ido formando nuevos barrios en los que desde entonces se llamó extramuros. Para subvenir a las necesidades de ese gran número de familias habaneras que moraban fuera del recinto amurallado, se fueron estableciendo algunos mercaderes en artículos de primera necesidad en un terreno yermo limitado por la Calzada de San Luis, (Reina), Galiano, Dragones y Aguila. Así ya en 1817 existía en dicho lugar un mercado que sería conocido más tarde con el nombre de Plaza del Vapor y que estaba constituido por una serie de casillas irregulares de madera, cuyo conjunto formaba un octógono dándole un aspecto bastante antiestético.

El porqué del primer nombre:

Lo mismo que aconteció con el ferrocarril y el telégrafo, Cuba conoció de los beneficios de la navegación al vapor, muchos años antes que España, lo que no dejaba de ser un motivo de orgullo para la Colonia. El 10 de Julio de 1819 hizo su entrada en el puerto de La Habana el primer buque de vapor. Se llamaba el “Neptuno” y había sido adquirido en los Estados Unidos por el ilustre habanero Juan O’Farrill, miembro de la Sociedad Económica para establecer una línea de cabotaje entre esta ciudad y Matanzas. El vapor, como todos los de su época, era de ruedas y tenía un tonelaje de goleta, existiendo una gran desproporción entre la capacidad del casco y el tamaño de sus tamboras y chimeneas.

Aquel primer arribo del "Neptuno” a La Habana fue un acontecimiento extraordinario. Alvaro de la Iglesia, reputado escritor de la época, describe así en su obra "Cosas de antaño”, el mencionado acontecimiento:

“El "Neptuno” hizo su entrada en La Habana el 10 de Julio de 1819 y el 19 inauguraba sus viajes a la “ciudad de los dos ríos.” Como puede suponerse, la entrada en nuestro puerto de aquel artefacto extraño que corría velozmente sobre las olas, sin desplegar una vela al viento y lo que era más asombroso, sin que se descubriera ni por el más lince la misteriosa maniobra que movía el buque, fué un resonante acontecimiento que hizo memorable aquella fecha. Todo el litoral, todas las techumbres y terrazas de La Habana se hallaban cubiertas de gentío y además surcaban las aguas del puerto, desde el canal a los muelles de Paula multitud de embarcaciones empavesadas como para la entrada de un Rey, y lo era indudablemente aquel pequeño barco de vapor que era el inicio de una gran revolución en el mundo...”

El celebérrimo Pancho Marty, propietario y empresario más tarde del teatro “Tacón”, poseía por aquella época, una fonda de bastante importancia en el Mercado, en el ángulo que forman las calles de Dragones y Galiano, y tal fué la impresión que le produjo la entrada del “Neptuno” en la rada habanera, que mandó a pintar un cuadro conmemorativo de dicho acontecimiento y una vez terminado, lo colocó en un lugar bien visible de su establecimiento. Desde entonces el pueblo empezó a llamar a dicho mercado, “Plaza del Vapor”

El porqué del segundo nombre:

El general Miguel Tacón, fué en el orden político, un gobernante cruel e intolerante que castigó sañudamente a cuantos ya en aquella época soñaban con la independencia de Cuba. La inclemencia de Tacón en la represión de las conspiraciones independentistas que en su tiempo se urdieron, se debía, según el historiador Juan Arnao en sus “Páginas para la Historia de Cuba” a un odio sistemático a todo lo que fuese americano que dejó sembrado en su corazón de tigre la independencia de Sud América y lo que es más, el haber quedado eunuco, en la intendencia de sorprender una descubierta de los ejércitos de Bolívar guardada por perros.”

 Pero si Tacón fue un verdadero azote para los elementos liberales, los que le profesaban profunda animadversión, es justo consignar que en el orden de los progresos urbanos La Habana le fué deudora de muchos beneficios, desvanecidos todos ellos, ante la gratitud popular, a causa de su dura y cruel actuación en el orden político.

Convencido el general Tacón que el grupo de casetas de madera que formaban la Plaza del Vapor constituía un atentado al ornato público, precisamente en aquella parte en que la ciudad nueva podía desarrollarse con más amplitud y regularidad, convocó en 1835, a los comerciantes de la Plaza y les sometió un plan de reforma total de la misma, demostrándoles la conveniencia de que sus casillas fueran de mampostería y todas de igual tamaño.

 El plan de Tacón fué aceptado por la mayoría de aquellos comerciantes y resueltas algunas pequeñas dificultades, se iniciaron en seguida las obras de reconstrucción de la Plaza, aportando los susodichos comerciantes las cuotas señaladas para cubrir los primeros gastos de fabricación.

Una vez reconstruida la Plaza del Vapor y bautizada desde entonces oficialmente, pero en vano, con el nombre de Mercado de Tacón, formó un cuadrilongo de 145 varas de longitud de E. a O. y 110 de anchura, fabricado de cantería, con sus cuatro frentes de dos pisos y entresuelos, constando cada uno de una serie de locales de igual capacidad que abrían a galerías cubiertas y sostenidas por columnas de piedra. Hacia los lados interiores del cuadrilongo aparecían puestos de comestibles de toda especie abiertos también hacia portales acolumnados y con pavimento de baldosas.

Para abastecer de agua al mercado se construyó una fuente de piedra, de cuatro caños, situándosela entre la carnicería y las galerías del cuadrilongo exterior.

Según Pezuela, en su “Diccionario Geográfico de la Isla de Cuba”, “la Plaza del Vapor es una obra pública que no tiene Madrid y aun en Paris y Londres hay muy pocas que la excedan.”

La reconstrucción de la Plaza se llevó a cabo sin gravamen alguno para el Erario Público, pues además de habérsele señalado una cuota a los propietarios de casillas para cubrir los gastos iniciales, se les adjudicó a los contratistas por cierto número de años los subidos alquileres de los puestos interiores y exteriores.

Ya en 1860 la Contaduría de Propios se había hecho cargo de la Administración de los puestos del Mercado, habiéndose presupuestado para 1862 los ingresos por concepto de alquiler de los mencionados puestos en 17.094 pesos fuertes.

El incendio de 1873:

En la madrugada del 6 de septiembre de 1873, ocurrió un formidable incendio en la Plaza del Vapor, el que en tres horas redujo a escombros el edificio, causando graves daños personales y grandes perjuicios materiales.

El fuego comenzó en una bodega situada en el frente de Dragones, entre el centro de la cuadra y la esquina de Aguila. Debido a la falta de agua, y a las deficiencias del servicio de extinción de incendios en aquella época, las llamas se propagaron en seguida a los demás comercios de la Plaza, convirtiendo el edificio en una inmensa hoguera, que puso justificado espanto en el ánimo de los moradores de la ciudad.

Muchas fueron las personas que resultaron muertas o heridas a consecuencia de la conflagración: contándose entre ellas los  jóvenes Angel Braña y Tomás Fernández, los que al ver que las llamas le impedían la salida, se arrojaron a la calle desde los altos de la casilla de La América, destrozándose sus cuerpos contra el pavimento. Otra de las víctimas del incendio fué el señor Bonifacio Alonso, dueño de una sedería de la Calzada del Monte, quien pereció al ser alcanzado por un lienzo de pared que se desplomó por la calle de Águila.

Según los datos que acerca de este hecho nos facilitara amablemente nuestro estimado compañero en la prensa, señor Juan Beltrán, “al incendio acudieron varias bombas, pero sólo se hace mención de la del Hospital Militar, que trabajó mucho y eficazmente.” Pero según hemos sido informados en las oficinas de la Estación central de Bomberos, a ese incendio acudió la bomba “Colón”, perteneciente entonces a la compañía de seguros “Norwich”, la que fue enchufada al acueducto de Fernando VII, habiendo habido necesidad para ello de picar la cañería en la esquina de Dragones y Águila.

Este horroroso incendio tuvo la virtud de acelerar la organización del Cuerpo de Bomberos del Comercio, ya entonces en proyecto, pues los comerciantes de La Habana se dieron cuenta que era un verdadero peligro para sus intereses, que la ciudad no contara con un cuerpo de bomberos bien organizado y dotado del material necesario para combatir los incendios de importancia, impidiendo que se convirtieran en grandes catástrofes.

Destruidos por el incendio todos los establecimientos de la Plaza, los comerciantes damnificados, fueron autorizados para instalar sus casillas, provisionalmente, en el Campo de Marte, el que quedó convertido por tanto, en un mercado al aire libre.

Notas Finales

Cuando se reconstruyo el Mercado, el cuerpo interior, el mismo que había recibido el nombre de “La Carnicería”, se hizo de hierro y de dos pisos. Hace pocos años, la Secretaría de Sanidad, juzgando atentatorio a la salud pública que en el mismo lugar donde existía una "gran casa de vecindad” se expendiera carnes, pescados y frutos menores ordenó la demolición del mencionado cuerpo, quedado convertido el lugar donde se encontraba en un inmenso patio, que hoy utilizan como campo de juego, los muchachos de los vecinos actuales del edificio.

El Ayuntamiento habanero, accediendo a los ruegos de los casilleros del Mercado de Colón o Plaza del Polvorín, próximo a ser clausurado, para convertir el edificio, en Museo y Biblioteca Nacionales, se propone levantar nuevamente en el centro de la Plaza del Vapor, un cuerpo de edificio de dos pisos, para utilizarlo como Mercado. De realizarse esto, como es probable que se realice, aquel sitio tendrá por tercera vez, en el transcurso de un siglo, la finalidad que primeramente se le asignó.

OBRAS CONSULTADAS:

La Torre. —"La Habana Antigua y Moderna”.

Pezuela. —-Diccionario Geográfico.

Alvaro de la Iglesia. —Crónicas de antaño.

Arnao. —Páginas para la Historia de Cuba.