“UNA FOTO ORIGINAL DE LUCIA IŇIGUEZ QUE NOS LLEVA A RECORDAR A ESTA MADRE EJEMPLAR Y AL HIJO QUE NOS DIO”

Cuando revisamos nuestro pasado sucede que en temas como la grandeza histórica es difícil comparar y dar un orden a los cimeros. Y más si  uno no es historiador  o un gran estudioso de sus vidas. Lo digo porque siempre me ha llamado la atención el lugar que se les otorga al general Calixto García y a su madre en nuestra galería histórica, sobre todo cuando estamos fuera de su Holguín natal.

Cuando veo este retrato, con la imperecedera huella del balazo que para suicidarse se dio el día en que se vio rodeado por fuerzas enemigas, siento que estoy  viendo más que un rostro a un símbolo y más que un símbolo a un país: a esta Cuba que nunca se rindió ni se rendirá ante el enemigo. Y cuando a ello le sumo su trayectoria como General de las tres Guerras, el papel que jugó, sus dotes de estratega, las penurias que sufrió, su actitud ante las tropas de ocupación norteamericanas en 1898 etc., no puedo menos que admirarlo hasta lo indecible.

Sin embargo no  ha sido el quien ha motivado esta página. Ha sido una vieja foto de época, un retrato de su madre Lucía Iñiguez Landín que ha  llegado a nuestras manos.

Con gusto se la mostramos a nuestros visitantes.

Tal vez esta fue una de las pocas fotos que Lucia se hizo en su vida porque no era ella mujer de vanagloria o grandes recursos. Es importante significar que estamos ante un original – que no deben de haber sido muchos – y además con una interesante dedicatoria al dorso, escrita con mano vacilante poco tiempo antes de su fallecimiento. En esa época las fotos se tomaban generalmente para eso, para dedicársela a amistades cercanas o familiares queridos. Y dependiendo de su economía era la cantidad que cada persona encargaba al estudio donde se la hacían.

Otra foto parecida a la anterior -sentada en un sillón y en una pose parecida - que se tomó en la Habana cuando terminada la guerra pudo reunirse con su hijo aparece en la revista “El Fígaro” del 27 de Noviembre de 1898. Poco después Calixto partiría hacia Norteamérica de donde nunca regresó.

Como es lógico no queremos terminar esta página sin incluir su biografía.  Para ello hemos recurrido al gran sitio de nosotros los cubanos, EcuRed y aprovechando el magnífico trabajo que incluye aquí lo reproducimos:

Lucía Íñiguez Landín-Moreno (Holguín, 8 de diciembre de 1819 - Holguín, 7 de mayo de 1906). Mujer cubana, madre del patriota Calixto García Íñiguez (1839-1899), general de las tres guerras. Dedicó importantes esfuerzos a la colecta de fondos para la lucha independentista. Su vida esta matizada de numerosas anécdotas que ponen de relieve su temperamento, retratándola como una mujer de coraje con un temple a toda prueba.

Datos biográficos

Participación en las guerras independentistas

El 5 de mayo de 1870 se encuentra en la manigua irredenta, sin protección de tropa cubana cuando es apresada en unión de sus hijos por una avanzada española en un lugar conocido por Canoa de la India (Aguas Verdes). Entre sus hijos iba Nicolás, adolescente de 15 años a quien vistió de mujer para evitarle la prisión y seguramente la muerte, el oficial que manda la tropa sospecha la estratagema y se le acerca manifestándole sus dudas con respecto al sexo de la presunta joven y Lucía le responde: «¡Sí, es varón! ¡Es mi hijo que traigo del campo mambí! ¡Si usted me descubre probará que desconoce el santo amor de madre, si guarda el secreto será el primer caballero del Ejército Español!». El oficial guardó el secreto.

Meses después «Cía» ―como también se la conoce― se ve obligada a vivir en La Habana como desterrada política en la calle Moreno # 23 en el Cerro.

En el mes de septiembre de 1874 la visita un oficial del Ejército Español, emisario del general Concha. Va a comunicarle la captura de su hijo Calixto García en la escaramuza de San Antonio de Baja (cerca de Manzanillo). Al conocer la noticia, Lucía responde: «No es que dude de usted, general, pero yo no puedo creer que mi hijo haya caído ni caerá jamás prisionero de las tropas españolas. ¡Calixto es mi hijo, y por lo tanto no debe rendirse!». El oficial muestra a Cía un papel donde aparecía escrito que el cabecilla insurrecto Calixto García antes de caer prisionero había intentado suicidarse disparándose un balazo debajo de la barba (la bala salió por la frente, dejando una fea cicatriz). Lucía contesta:
«Entonces ese sí es mi hijo: ¡muerto antes que rendido!».

             Esa frase es la que aparece en la hermosa medalla que se acuñó usando su retrato y la imagen de su monumento en tiempos republicanos.

Conducta intransigente

Llegada la paz, y muerto Calixto en el exilio en la ciudad de Washington (el 11 de diciembre de 1898, a los 59 años), la anciana regresa a su ciudad natal en medio de estrecheces económicas. Su presencia causaba a los vecinos del lugar donde residía admiración y despertaba simpatías.

Por esa época la visita un enviado del presidente cubano Tomás Estrada Palma, que le trae un nombramiento de «inspectora de montes» (no existían en esa época las pensiones graciables que brinda el Estado). La patriota cubana de 85 años argumenta que ella está vieja y con muy poca salud para trabajar. El oficial insiste en que no tenía necesidad de realizar el trabajo, pues de todas formas el gobierno le pagaría. Lucía Íñiguez entendió que se trataba de una prebenda con la cual el Gobierno trataba de manera incorrecta de socorrerla, por lo que se irguió y devolvió el nombramiento, expresando que cobrar un sueldo sin trabajar era robarle al Estado, dándole así una lección de dignidad y honradez al enviado del gobierno.

Cuando los restos de su hijo muerto en 1898 fueron trasladados a Cuba en febrero de 1899, y acompañados hasta el cementerio de Colón en La Habana solo por soldados estadounidenses, de pésima conducta: provocaron incidentes vejando a la Asamblea de Representantes y a los veteranos del Ejército Libertador. Lucía Íñiguez, dolorida e indignada, pidió que los restos de su hijo fueran sacados de la necrópolis de Colón y descansaran en Holguín, la tierra donde nació y que fueran acompañados solo por sus compañeros de armas, pidiendo para él un entierro cubano.

Muerte

Pocos años más tarde, en 1906, Cía, enferma de gravedad, y al presentir su muerte reclama la presencia de su ahijado Manuel Avilés Lozano, director de la banda municipal de música, y le pidió que en su sepelio la gloriosa banda holguinera interpretara las notas del Himno de Bayamo.

El día 7 de mayo de 1906 muere Lucía Íñiguez en su Holguín querido, recibiendo su cadáver sepultura en el cementerio de la ciudad.