“EL FERROCARRIL LA PRUEBA: SU HISTORIA Y LAS FICHAS A QUE DIO ORIGEN”


En 1842, una compañía minera denominada Empresa de la Mina Prosperidad, dirigida por Manuel Pastor, Conde de Bagáez, y Fernando González Agüero, que tenía en explotación un yacimiento de carbón de piedra en la localidad de La Hata, en Guanabacoa, comenzó la construcción de una línea de ferrocarril, con una extensión de cuatro kilómetros, para trasladar el mineral hacia el emboque de Regla, en la bahía de La Habana. La mina se agotó rápidamente, y a fin de resarcirse de las pérdidas sufridas, el ferrocarril, que comenzó a funcionar al siguiente año, movido por tracción animal, fue destinado por sus propietarios al transporte de pasajeros, extendiendo su línea hasta la misma villa de Guanabacoa.
 


El recorrido del ferrocarril se iniciaba junto al santuario de Nuestra Señora de Regla, a pocos pasos del emboque de esta villa, atravesaba la población y llegaba hasta el norte de Guanabacoa, a una plazuela situada en la esquina de las calles Soledad y Amenidad, donde se construyó su primer paradero, junto a un circo llamado “La Prueba”, propiedad de Miguel Nin y Pons, quien más tarde, en 1845, se convirtió en socio de la empresa del ferrocarril, junto con Manuel Pastor y Fernando González Agüero. Desde entonces el camino de hierro fue conocido con el nombre de “Ferrocarril de La Prueba”.

Ese mismo año se remataron los bienes de la Empresa de la Mina Prosperidad, declarada en quiebra, y en este acto Miguel Nin y Pons adquirió la propiedad total del ferrocarril, lo que le permitió realizar varias reformas, entre ellas levantar un nuevo paradero frente al circo y construir una corta doble línea que serviría de desvío o chucho para facilitar el cruce de los carros en una y otra dirección.

Al fallecer Miguel Nin en 1856, pesaban sobre el ferrocarril varias hipotecas que sus herederos no pudieron liquidar, por lo que decidieron venderlo, siendo adquirido en la suma de cien mil pesos por la Primera Empresa de Vapores de la Bahía, representada por Juan Menninger y Antonio Benítez, la cual desde 1850 enlazaba a La Habana, partiendo del muelle de Luz, con Regla y Casablanca.

Dos años más tarde, bajo un nuevo propietario, José Miguel Incháustegui, se realiza una serie de mejoras de beneficio público en el ferrocarril, entre ellas el aumento del número de mulas destinadas al servicio de los carros, y la ampliación del desvío o chucho a una extensión de casi la mitad de todo su recorrido. Al propio tiempo se reforma también el primitivo paradero de Regla, que consistía en un simple colgadizo de madera, y que se convierte en un cómodo salón de mampostería con asientos para el público. Además, a partir de entonces se hacen coincidir sus horarios de salidas y llegadas con los de los vapores, a fin de facilitar el traslado de pasajeros entre La Habana y Guanabacoa sin pérdida de tiempo entre uno y otro medio de transporte.

La realización de todos estos adelantos fue un acto inteligente del señor Incháustegui, pues en ese tiempo se estaba trabajando por otra empresa, la Compañía del Ferrocarril de la Bahía, en la construcción de una nueva línea entre La Habana y Matanzas, la que en su recorrido uniría a Regla y Guanabacoa, y el Ferrocarril La Prueba corría el riesgo de quebrar si no mejoraba notablemente el servicio al público.

Otras mejoras se realizaron ese año, como la prolongación del ferrocarril hasta la plaza de la Iglesia Parroquial de Guanabacoa y la construcción de un ramal hasta un almacén de madera establecido en Regla, a orillas de la bahía, para facilitar el transporte de las tablas hasta la vecina villa. Por último se autorizó una nueva ampliación de la doble vía en la totalidad del recorrido.

Con motivo de la inminente apertura del ramal de Regla a Guanabacoa construido por la Compañía del Ferrocarril de la Bahía, el señor Incháustegui introduce nuevas mejoras en su ferrocarril, en el que emplea nuevos carros más cómodos y espaciosos encargados a los Estados Unidos y mulas de mayor alzada, acompañadas por un caballo como guía, con lo cual el tiempo del recorrido entre Regla y Guanabacoa se reduciría a un cuarto de hora, sin los contratiempos que se presentaban en la vía en épocas de lluvias. Por otro lado, la línea se extiende hasta el mismo muelle de los vapores, lo que facilita que los pasajeros salgan de los carritos y monten de inmediato en los vapores, que salen también cada cuarto de hora, y al cruzar la bahía en cinco minutos se logra que el viaje entre Guanabacoa y La Habana no demore más de veinte minutos.

En estas reducciones en la duración del viaje radicaba el éxito del servicio del Ferrocarril La Prueba. Sin embargo, su propietario se mantuvo siempre renuente a sustituir el tiro de mulas por locomotoras, a pesar de los beneficios que reportaría este cambio. Años después, en 1884, el ferrocarril y los vapores pasaron a una nueva administración, dirigida por José Figueras y Anglada, y fue éste quien, finalmente, hizo descansar a las mulas al suplantar la tracción animal por pequeñas locomotoras de vapor.
 


Cinco años después, en 1889, adquiere la Primera Empresa de Vapores de la Bahía y el Ferrocarril La Prueba el señor José Cabrero y Mier, el que traspasa su propiedad a la Cuban Electric Railway Company en fecha no determinada que se estima alrededor de 1899, aunque parece ser que se mantuvo relacionado de alguna forma con dicha compañía, pues en ese propio año la Cuban Electric estableció un cambio de tarifas que había sido propuesto por José Cabrero.

Impulsada por la necesidad de mejorar el servicio con los adelantos técnicos de la época, la Cuban Electric Railway Company sustituyó a partir de 1900 los viejos carros y locomotoras de vapor del Ferrocarril La Prueba por tranvías eléctricos de fabricación norteamericana, que fueron los primeros de su tipo que circularon en Cuba. A ese efecto, la compañía edificó una planta eléctrica en Regla y reconstruyó el paradero y el emboque de los vapores, así como rehizo toda la doble línea ferroviaria, que tenía una extensión de unos cinco kilómetros, con raíles de acero. El primer tranvía movido por electricidad en Cuba circuló de Regla a Guanabacoa el 9 de enero de 1900, en un viaje de prueba oficial que duró tan sólo nueve minutos.

Finalmente, en 1905 se estableció en el país una nueva empresa, la Havana Central Railroad Company (más tarde Havana Electric Railway Company), que electrificó todo el sistema de tranvías de la ciudad de La Habana y en 1908 se hizo cargo de la concesión hecha a la Cuban Electric Railway Company, la cual dejó de existir y junto con ella terminó la vida independiente del Ferrocarril La Prueba, que tanta utilidad prestó en su tiempo a los viajeros entre La Habana, Regla y Guanabacoa.

 

Las fichas que nos dejó esta empresa

Las fichas del Ferrocarril La Prueba, que se presume que fueron usadas desde 1889 hasta 1899 ó 1900, mencionan a ambas empresas: por una cara, la Primera Empresa de Vapores de la Bahía, y por la otra el Ferrocarril La Prueba, de J. Cabrero, lo cual hace suponer que servían tanto para un medio de transporte como para el otro. No sabemos cuándo se utilizó específicamente cada una, pero estimamos que lo fueron en el siguiente orden:
 

Ficha de forma hexagonal, hecha en latón, con un valor de 3 centavos. Esta ficha presenta en la cara de la Empresa de Vapores, que nos aventuramos a designar como el anverso, la imagen de un vapor y la leyenda “1A. EMPRESA DE VAPORES DE LA BAHIA. HABANA”, mientras en la otra cara o reverso sólo se inscribe la leyenda “FOCL LA PRUEBA. DE J. CABRERO” y el valor facial.
 


Ficha de forma circular, hecha en cuproníquel, sin valor facial. En esta pieza, con las mismas leyendas que la anterior, se incluye, en la cara destinada al ferrocarril, la imagen de una locomotora de vapor.
 

La misma ficha de forma circular, pero hecha en bronce y contramarcada con un número 5, el cual sugiere un cambio de tarifas que quizás fuera el propuesto por José Cabrero y aprobado por la empresa en 1899. En este caso podemos considerar la existencia de dos fichas distintas, ya que el número 5 aparece en unas piezas por la cara de la empresa de vapores y en otras por la del ferrocarril, característica que no sabemos si fue hecha con la intención de que cada empresa usara sólo las piezas contramarcadas por su cara correspondiente, o si por el contrario tanto unas como otras servían para ambas empresas sin distinción alguna. Es muy interesante, sin duda, la condición que presentan estas fichas de haber sido utilizadas por dos medios de transporte distintos, aunque sincronizados entre sí y bajo un mismo propietario, lo cual las hace únicas en su clase dentro de la numismática cubana.

Por ultimo no queríamos dejar de mostrar la imagen de esta linda ficha que aunque no exhibe el nombre del Ferrocarril La Prueba está identificada a nombre de la Compañía de Ferrocarriles de la Bahía que desde cierto punto tuvo relación con el transporte de la misma zona y que además es la única que faltaría dentro del grupo de piezas que se usaron en el siglo XIX en Cuba que por ende son escasas y bien difíciles de conseguir actualmente. El resto de las fichas del grupo – que puede verse en la página de “Fichas de Transporte” de la temática Fichas Comerciales -  fueron usadas ya avanzado el siglo pasado y son piezas más comunes.