“LA MEDALLA MAS OTORGADA DE NUESTRA EPOCA REPUBLICANA: LA PATRIA A SUS LIBERTADORES”


Conocida por todos como la “Medalla de la Independencia” porque fue concebida a inicios del siglo pasado para honrar a quienes habían luchado para independizarnos del yugo español, resulta esta la medalla más otorgada  en nuestra etapa republicana. Por ello es una de esas piezas que no queríamos dejar pasar sin dedicarle una página.

Comencemos por la historia, descripción y detalles que hemos podido reunir revisando los decretos que la originaron:

Fue esta una condecoración creada por el decreto presidencial # 129, de 24 de febrero de 1911, en el aniversario del inicio de la Guerra de Independencia, para ser otorgada con carácter honorífico a los miembros del extinguido Ejército Libertador.

La medalla es circular, con un diámetro de treinta y cinco milímetros, uncida a cinta y pasador por dos ramas de laurel. Lleva en su anverso el busto femenino que simboliza la República, de perfil, y a la izquierda la leyenda “LA PATRIA A SUS LIBERTADORES”, mientras en el reverso muestra el Escudo Nacional con la inscripción “GUERRA DE INDEPENDENCIA DE CUBA. 1895-1898”.

La cinta representa la bandera cubana y debía tener, según el decreto, un ancho de treinta y cinco milímetros y un largo total, contando la parte visible a través del pasador, de treinta y ocho milímetros. A su vez el pasador, del mismo metal que la medalla, tendría una longitud de treinta y nueve milímetros y una altura de doce milímetros. No obstante, se hicieron medallas con cintas de diversos tamaños.

La medalla consta de tres clases: De oro para los Generales y Jefes, de plata para los Oficiales, y de bronce para la clase de tropa. Sin embargo, la mayoría de las piezas correspondientes a las dos primeras clases fueron hechas en metal dorado y plateado, respectivamente.
 


El decreto especificaba que la medalla debía ser usada cuando se vistiera de uniforme o se asistiera a algún acto oficial o de etiqueta, mientras para el uso diario se utilizaría, en el ojal de la solapa izquierda de la prenda que se llevara, un botón o roseta de color rojo, de dieciséis milímetros de diámetro, dentro del cual llevaría un disco del metal correspondiente a su clase con el anverso de la medalla, dentro de un diámetro de catorce milímetros. No obstante, en la práctica, la mayoría de los civiles veteranos del Ejército Libertador portaban la medalla en toda ocasión y con cualquier vestimenta.

En posteriores Reglamentos de Uniformes del Ejército (1928, 1932) se determinaba que los militares que tuvieran derecho a usar esta medalla llevarían, vistiendo el uniforme de guarnición de verano o el uniforme de servicio, una cinta formada por tres franjas verticales, de color azul turquí, de siete y medio milímetros de ancho cada una, separadas entre sí por dos franjas verticales blancas del mismo ancho. La franja azul del centro llevaría superpuesto un triángulo isósceles de color rojo, cuya base tendría siete y medio milímetros y descansaría sobre la parte superior de dicha franja, con el vértice opuesto situado en el centro de la parte inferior.

Como constancia del otorgamiento de la medalla, se entregaba un diploma firmado por el Presidente de la República y el Secretario de Gobernación. Este diploma se expedía libre de gastos, pero la medalla debía ser adquirida por los interesados al costo de su acuñación, y para tener derecho a ambos, era necesario haber militado y formado parte del Ejército Libertador hasta el 24 de agosto de 1898, fecha en que dejaron de percibirse los haberes de dicho ejército.

En 1913, mediante el decreto # 502, se hizo extensivo el uso de la medalla y su diploma a los civiles que hicieron vida común con el Ejército Libertador en sus propios campamentos y colaboraron eficazmente en sus operaciones militares, por lo que fueron reconocidos por el Consejo de Gobierno de la República en Armas, en 1895 y 1896, como Elemento Civil de la Revolución, siempre que dichos civiles hubieran mantenido tal actividad hasta el 24 de agosto de 1898.

Disposiciones legales revisadas:

Decreto # 129, de 24 de febrero de 1911 (Gaceta Oficial Extraordinaria de 24.2.11).

Decreto # 1147, de 23 de diciembre de 1911 (Gaceta Oficial de 26.12.11).

Decreto # 502, de 31 de julio de 1913 (Gaceta Oficial de 1.8.13).

Hasta aquí hubiera llegado la reseña sobre esta pieza, sin embargo además de sus imágenes que habíamos preparado tuvimos la suerte de conseguir un anuncio publicitario de un taller habanero que nos ha llevado a sacar algunas conclusiones bien interesantes.  
 


Por lo que vemos aquí las medallas, que generalmente se entregaban en fechas connotadas, no llegaban a manos de sus merecedores físicamente, sino en forma de diplomas. Eran ellos quienes posteriormente debían encargar su confección mediante el pago correspondiente a algunos de los talleres que existían en el país. En este anuncio podemos ver como dependiendo de la cantidad que estuviera dispuesto a pagar el cliente se le podía fabricar en oro o plata aunque lo común era usar metal dorado o plateado. En el caso de las de bronce no había alternativa. Sin embargo en los muchos años que llevamos coleccionando y viendo piezas hemos visto solo una de oro. Las de plata si resultan más abundantes. Claro que si revisamos la lista de precios notaremos que la diferencia en el caso de la de oro iba de $30.00 a $3.75, suma considerable en aquella época. Ya en el caso de las de plata el salto de $3.00 a $1.00 era menor y por eso abundan más.  Incluso existía la facilidad de solicitarla por correo y que fuera entregada a domicilio. Interesante resulta la nota al pie: “El importe será remitido en Giro Postal. Check o efectivo, bajo certificado, no siendo necesario diploma ni documento alguno para adquirirla”. O sea que cualquiera si lo quería podía encargar su medalla y lucirla en un momento determinado aunque no se la hubiera ganado.

Un dato importante es que ese tal M. J. Freeman, con dirección Lonja del Comercio 541,  que dice ser el único autorizado para comerciar esta pieza no fue quien la diseñó, ni quien la acuñó, pues dicho trabajo lo realizó el taller del Sr. Santos Verdú, radicado en la calle Alejandro Ramírez #8, sitio donde hace años pudimos ver los troqueles usados e incluso una cantidad apreciable de dichas piezas.

Algo que siempre nos intrigó respecto a la cantidad de presentaciones diferentes que presenta esta pieza, sobre todo en cuanto al soporte superior y la variedad de cintas usadas se explica ahora que conocemos más sobre su camino hasta llegar hasta la solapa de sus portadores
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Sin embargo, en el caso de las grandes condecoraciones oficiales nos mantenemos con la duda. No sabemos si su confección corría a manos del propio organismo o entidad que las entregaba o del homenajeado en cuestión pues hemos visto muchas en sus cajas originales, con la identificación del fabricante, que generalmente era el mismo para cada emisión en particular. Entre ellos los talleres de Santos Verdú, Vilardebo y Riera y La Estrella Italia fueron los más importantes y queremos en un futuro dedicarle una página si encontramos datos para ello.