“LAS FICHAS DE LA COCINA ECONÓMICA DE SANTIAGO DE CUBA”

El 21 de octubre de 1896, el gobernador y capitán general Valeriano Weyler dictó un bando estableciendo la reconcentración de los campesinos en las ciudades y poblados, con el vano propósito de cortar la ayuda que éstos brindaban, en distintas formas, a las fuerzas insurrectas que luchaban contra el ejército colonial español. Esta medida provocó un afluencia extraordinaria de reconcentrados en todas las principales ciudades y pueblos de la Isla, los que se diseminaron hambrientos por las calles en busca de alimentos, casa y trabajo. Como consecuencia, se hizo sentir rápidamente la escasez de productos de consumo cotidiano.
No se sabe a ciencia cierta la cantidad de reconcentrados que acudieron a las ciudades, pues nunca fueron contados, pero un historiador español los estimó en cerca de medio millón a lo largo de toda la isla.

Al hambre se unieron el tifus, la disentería, la viruela y otras enfermedades, las que también afectaban a los soldados españoles. En un informe elevado a su gobierno por el cónsul norteamericano en La Habana, Mr. Lee, el 14 de diciembre de 1897, comunicaba éste que de unos 100,000 reconcentrados que se estimaban en La Habana, habían muerto 52,000.

Creación de las cocinas económicas
A fin de remediar la miserable situación de los infelices campesinos que carecían totalmente de sustento, los ayuntamientos de las principales ciudades crearon “cocinas económicas”, hospitales, dispensarios y asilos para niños y ancianos. Fueron promotores de estas creaciones, entre otros, el gobernador de La Habana, Rafael Fernández de Castro, el sacerdote Alberto Chao en Santa Clara, y el alcalde de Santiago de Cuba, Emilio Bacardí Moureau. Según narran sus “Crónicas de Santiago de Cuba”,  en el mes de marzo de 1897 el periódico local La Bandera Española hizo un llamamiento al comercio, a los industriales y a las personas económicamente acomodadas de la ciudad, para que brindaran su ayuda a fin de remediar en algo el hambre y el estado miserable de tantos campesinos orientales  que obligados por la inhumana orden de reconcentración de Weyler, pululaban por la ciudad sin albergues ni medios de subsistencia.

Aquel llamado fue recogido por Germán Michaelsen, prestigioso hombre de negocios lleno de altruismo y nobleza de alma, que junto con otras personalidades de la ciudad,  Juan Suñé, Ignacio Casas y otros industriales, celebraron el 24 de marzo una reunión en el local de la Cámara de Comercio santiaguera, en la cual acordaron el establecimiento de cocinas económicas donde los hambrientos pudieran satisfacer sus apremiantes necesidades de alimentación. Con ese fin se colectaron varias sumas de dinero y se abrieron suscripciones mensuales para el sostenimiento de dichas cocinas. Entre los principales contribuyentes se encontraban el propio Michaelsen, el arzobispo Fray Francisco Sáenz de Urturi, que donó 100 pesos y se suscribió con 20 pesos mensuales, y el capellán del Ejército Julián Díaz Valdespares, el que había intervenido con anterioridad en la fundación de ese tipo de cocinas en otros pueblos de la Isla. En total se recaudaron unos 2000 pesos por donativos y unos 230 pesos por las suscripciones mensuales, además del compromiso del Ayuntamiento de la ciudad de aportar todos los meses 250 pesos.

Germán Michaelsen fue fundador y más tarde presidente del Club Náutico y se había distinguido por distribuir  en su casa particular y con su peculio raciones de comida, todos los días, a numerosos pobres, y según sus datos biográficos, fue fundador de dos cocinas económicas. Las “Crónicas de Santiago de Cuba”, de Emilio Bacardí,  mencionan una, que fue inaugurada y bendecida el 25 de abril de 1897, a las nueve de la mañana, en la casa situada en la esquina de las calles Cristina y San Germán, en una de las barriadas más pobres de la ciudad.. El piadoso servicio fue administrado por José Termes Hill, y el menú distribuido en aquel día consistió en sopa de fideos con carne, garbanzos, papas y un panecillo, con un precio total de cinco centavos, que se pagaba con una ficha metálica.

Desde su inauguración se llegaron a repartir, en la cocina económica, 1500 raciones diarias de comida, aliviando la escasez de productos que existía y que era tan grande que hasta los presos de la ciudad tenían que alimentarse en la cocina económica, para lo cual se llegó hasta gestionar los víveres con los capitanes de los barcos que tocaban el puerto santiaguero.

Su clausura
A pesar de que la reconcentración fue abolida de modo oficial, por el propio gobierno español, el 30 de marzo de 1898, la miseria y el hambre perduraron un tiempo más, por lo que la cocina económica, no obstante las dificultades que encontraba para su sostenimiento,  se mantuvo abierta al público, sin interrupción alguna, durante el término de un año, ocho meses y seis días, hasta el 31 de diciembre de 1898, en que fue clausurada al cesar en esa fecha la dominación colonial española y desaparecer totalmente los motivos que dieron origen a su creación.

Descripción de las fichas usadas en dichos establecimientos

Ficha #1
Sin valor facial.
Metal: Latón.
Diámetro: 24 mm.
Anverso: COCINA ECONOMICA DE SANTIAGO DE CUBA.
Reverso: CE. INAUGURADA Y BENDECIDA EN 25 ABRIL 1897.

Ficha #2
Denominación: 1 centavo
Metal: Latón
Diámetro: 24 mm.
Anverso: Cruz de Santiago. COCINA ECONOMICA DE SANTIAGO DE CUBA. 1897.
Reverso: UN CENTAVO.

Ficha #3
Denominación: 5 centavos.
Metal: Zinc.
Diámetro: 28 mm.
Anverso: Cruz de Santiago. COCINA ECONOMICA DE SANTIAGO.
Reverso: RACION DE 5 CENTAVOS.

Esta pieza se menciona en el catálogo preparado por Alfredo Díaz Gámez, quien durante muchos años trabajo en el Museo Numismático e hizo un estudio muy serio y acucioso al respecto. Sin embargo nunca la hemos visto, ni físicamente ni en imagen alguna. No sabemos de qué colección o publicación obtuvo Alfredo la información sobre la existencia de esta pieza que sería una de las más raras de la colección cubana. En realidad nos llama la atención que sea de zinc y su valor de 5 centavos, muy alto para aquellos tiempos de penuria.  Si un día aparece debe ser en el mismo Santiago de Cuba, así que si alguien de por allá la conoce o posee le rogamos nos contacte para aclarando su procedencia incorporar su imagen a esta página. Se lo agradeceríamos.