LOS BILLETES DE "LA CHAMBELONA"


Entre las emisiones bancarias relacionadas con nuestro acontecer histórico existe un billete o vale emitido por las fuerzas insurrectas que tomaron la ciudad de Santiago de Cuba en los primeros meses de 1917 durante la llamada “Guerrita de la Chambelona” que resulta una de las piezas más raras e interesantes de la colección cubana. Veamos los hechos que condujeron a su aparición:

Antecedentes del Alzamiento de “La Chambelona”

Las elecciones celebradas el 1º de noviembre de 1912 dieron el triunfo al General Mario García Menocal, candidato a la Presidencia por el Partido Conservador y hombre de prestigio revolucionario por su actuación en la Guerra de Independencia, donde se destacó a las órdenes del Mayor General Calixto García, sobre todo en el asalto y captura del pueblo de Victoria de las Tunas. Tomó posesión el 20 de mayo de 1913. Su gobierno contó desde su inicio con el apoyo de casi la totalidad de los periódicos habaneros, en especial los grandes diarios “El Mundo” y el “Diario de la Marina”, e incluso de muchos elementos del Partido Liberal, y prácticamente tuvo muy poca oposición en su contra, hasta que se hizo pública su pretensión de ser reelecto para un segundo mandato en 1916.

La oposición del Partido Liberal se incrementó notablemente y la campaña política para las nuevas elecciones se tornó violenta, produciéndose hechos de sangre en algunas localidades del interior del país. Dada la situación imperante, los liberales, que llevaban en su candidatura al doctor Alfredo Zayas Alfonso, decidieron en gran parte ir al retraimiento. Finalmente, en medio de una atmósfera muy caldeada en la que predominaron la coacción y el fraude, se celebraron las elecciones el 1º de noviembre de 1916 y el General Menocal fue reelecto para la presidencia de la nación por cuatro años más.

 

El alzamiento

Sumamente disgustados los liberales e inconformes con la decisión de aquellas elecciones que estimaba ilegales, se prepararon para fomentar un movimiento armado contra el gobierno, el que contó desde su inicio con el liderazgo del General José Miguel Gómez y el apoyo de un grupo grande de oficiales del Ejército, que en su mayoría habían ingresado a ese cuerpo durante su gobierno. Primero se trazó un plan para secuestrar a Menocal y dar un cuartelazo en Columbia, pero estas acciones fracasaron, por lo que se decidió el alzamiento militar en Las Villas y  Camagüey, que se produjo entre el 8 y el 12 de febrero de 1917, y en Oriente del 12 al 14, extendiéndose de inmediato a las provincias occidentales hasta abarcar todo el país. José Miguel Gómez partió en su yate “Julito” y aunque fue perseguido por el cañonero “Matanzas” de la Marina de Guerra, logró llegar por el sur a la provincia de Camagüey, donde se alzó el día 13 para ponerse a la cabeza del movimiento sedicioso, mientras en los cuarteles los soldados cantaban “La Chambelona”.

En los primeros momentos, los núcleos de tropas alzadas ocuparon los cuarteles y edificios públicos y consideraron victorioso el movimiento. Pero en La Habana, donde se mantenían los mayores contingentes del Ejército, el General Menocal dominó la situación y envió tropas leales a combatir a los rebeldes. El día 13 zarpó de La Habana el crucero “Cuba”, la nave insignia de la Marina de Guerra, hacia Santiago de Cuba, conduciendo 800 hombres del regimiento número 1 de artillería “Maceo”, aunque por presiones del Departamento de Estado norteamericano no llegaron a desembarcar. Sin embargo, en las provincias de Camagüey y Las Villas se produjeron fuertes enfrentamientos, sobre todo en las zonas de Jatibonico, Sancti Spíritus y Zaza del Medio, por donde avanzaba José Miguel Gómez con su Estado Mayor, conformado por líderes prominentes del Partido, con intenciones de tomar la ciudad de Santa Clara.

Sin embargo, el 8 de marzo, en la sierra de Caicaje, en el centro de la provincia villareña, chocaron las fuerzas del gobierno con las del movimiento rebelde y las vencieron, haciendo prisioneros a José Miguel Gómez, a su hijo Miguel Mariano y a la mayor parte de los miembros de su Estado Mayor.

Mientras se desarrollaban estos acontecimientos, el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, declaraba que no reconocería un gobierno impuesto en Cuba por la revolución y que ayudaría al gobierno legalmente establecido a perseguir a los alteradores del orden. Poco después, destacamentos de infantes de marina norteamericanos desembarcaban en Santiago de Cuba y otros lugares ocupados por los alzados, a los cuales hacían evacuar hacia el interior del país, a la vez que facilitaban la fuga al extranjero a jefes sublevados antes de que llegaran las fuerzas gubernamentales a restablecer el orden perturbado.

En las provincias siguieron combatiendo un tiempo los seguidores de Gómez, y obtuvieron aún algunas pequeñas victorias, pero carentes del liderazgo de aquél, poco a poco fueron siendo capturados o muertos. En Camagüey terminaron las principales acciones el 22 de abril; en Las Villas y en las provincias occidentales, el 28; y en Oriente, el 29. Algunos grupos aislados se mantuvieron en zonas montañosas y no pudieron ser totalmente dominados hasta el 31 de mayo.

En los meses de junio a octubre se celebraron los consejos de guerra contra los militares acusados de sedición, los que en su mayoría recibieron largas penas de prisión, y algunos, sobre los que pesaban cargos por asesinato, fueron condenados a muerte, sentencias que fueron más tarde  conmutadas por Menocal.

En cuanto al General José Miguel Gómez, se le siguió también el correspondiente proceso, pero de nuevo el gobierno norteamericano, a través del Departamento de Estado,  se interesó por su suerte, y obtuvo mediante presiones que no fuera enviado a la cárcel, sino que se le trasladara a una finca junto con su hijo Miguel Mariano, para continuar allí guardando prisión, pero en unión de su familia. Por último, el 19 de marzo de 1918, el presidente Menocal promulgó una ley de amnistía mediante la cual fueron liberados Gómez y su hijo, así como los demás oficiales implicados en la rebelión.

                          

Recursos financieros

Una vez que el movimiento insurreccional se hizo fuerte en ciudades importantes del país, sus jefes se preocuparon porque existieran documentos bancarios con validez legal para las operaciones financieras que se realizaran en los territorios bajo su control. Una de estas localidades fue Santiago de Cuba, donde los alzados tomaron las instituciones castrenses y otras posiciones claves, estableciendo en la ciudad un gobierno militar. Por su parte, la sucursal santiaguera del Banco Nacional de Cuba emitió un vale o pagaré por valor de 20 pesos, con el siguiente texto: “Banco Nacional de Cuba / Sucursal de Santiago de Cuba / Pagará al portador VEINTE PESOS MONEDA OFICIAL a presentación de este VALE en cualquier momento treinta días después de normalizada la situación política del país. Este VALE se expide de acuerdo con el Decreto de Febrero 25 de 1917 del Gobierno Militar. / Santiago de Cuba, ___ de __________ de 1917. / Intervine: / Contador / Administrador”. El vale lleva estampado en su centro, con grandes caracteres, “=$20=” y sobre este elemento se le imprimió el texto antes mencionado. En las cuatro esquinas aparece la inscripción “VEINTE PESOS”.

“La Chambelona”…su origen

Según afirma Fernando Ortiz, “La Chambelona” era un canto político que nació en octubre de 1908, en la toma de posesión del alcalde Pedro Sánchez del Portal en Camajuaní, con una letra que decía: “Pedro Sánchez del Portal / Un alcalde sin igual / Elegido en su persona / Aé, aé, aé la Chambelona. / Todo liberal ya grita: / Yo no tengo la culpita / Ni tampoco la culpona. / Aé, aé, aé la Chambelona.” Más tarde, se hizo popular cuando fue introducido por los liberales villareños en su campaña política de 1916, modificando la letra para utilizar diversos textos con frases hirientes contra el gobierno de Menocal, aunque manteniendo el mismo estribillo final: “Yo no tengo la culpita / Ni tampoco la culpona / Aé, aé, aé la Chambelona.” Finalmente, se convirtió en una especie de himno liberal que le dio nombre al alzamiento capitaneado por el General José Miguel Gómez, que trató de conquistar por las armas el poder que los conservadores habían obtenido mediante elecciones fraudulentas.