"EL EXTRAŇO CASO DE LAS MEDALLAS-FICHAS DE LA FABRICA DE CIGARROS LA HONRADEZ"

Tras surgir en 1853 como una mas de las diversas fábricas de tabacos y cigarrillos que proliferaron con mayor o menor fortuna en La Habana del siglo XIX, la Real e Imperial Fábrica de Tabacos La Honradez pronto sobresalió por la excelente calidad de sus producciones y la inteligente manera en que sus propietarios conducían los negocios, prosperando de forma  tal que ya a principios de los años 60 era uno de los negocios mas importantes del país. Tan conocida como el mismo palacio del gobernador, y tan acreditada que se decía que los viajeros no habían visto la Habana si antes de marcharse no habían visitado la peculiar institución.

El establecimiento, propiedad de la firma Luís Susini e Hijo, y posteriormente Susini y Hermanos, ocupaba un imponente edificio situado en la calle San Ignacio, esquina a Sol que extendía por esta última calle a todo lo largo de la manzana hasta llegar, por el fondo, a la calle Cuba. Al entrar, el visitante se hallaba con las principales oficinas, donde era recibido por un conserje que se ocupaba de enseñarle las distintas dependencias de la fábrica, pidiéndole previamente que estampara su nombre en un elegante libro de registro preparado para ese fin, y donde al final del recorrido le solicitaban reflejara también sus impresiones sobre la visita.

Así fue como en 1865 y en los momentos de su mayor apogeo la fabrica edita un libro preparado en sus mismos talleres en el cual plasma el contenido de dicho libro de registros además de dedicar su primera parte a reflejar los múltiples artículos salidos a la luz en los diferentes órganos de prensa de la época, tanto nacionales como extranjeros, relativos a la institución.

En uno de esos artículos es donde encontramos la información que nos ocupa en esta página.

Se refiere al uso que se le daba a una rara medalla con las señas de la fábrica que desde hace años teníamos en nuestra colección y no sabíamos si considerarla como tal o como una ficha usada como elemento de propaganda.

Esta magnífica pieza fue acuñada  en cobre, con un diámetro de  23 milímetros y cómo podemos ver  ostenta el mismo escudo o emblema que usó la fábrica en todas sus envolturas (marquillas) durante muchos años.

Para llegar a entender mejor el tema de esta página veamos una de las explicaciones que sobre el trabajo en la fábrica se encuentran en las múltiples crónicas que por esa época se escribieron, en este caso en el libro “Cuba a Pluma y Lápiz” de Samuel Hazard:

“Por último se llegaba al departamento donde se manufacturaban los cigarros, trabajo que era realizado por operarios chinos, vestidos con uniformes azules parecidos a los de los presidiarios, algunos con las cabezas rapadas y otros con largas trenzas enroscadas hacia arriba, pero todos con una apariencia de extraordinaria limpieza y pulcritud. Allí era maravilloso observar la rapidez y facilidad con que confeccionaban el producto y cómo realizaban el envasado, al parecer sin necesidad de contar los cigarrillos, pues solamente se guiaban por el tacto de sus dedos sobre el volumen de las cajetillas, con una exactitud sorprendente, pues muy rara vez se equivocaban. La producción diaria promedio que estos operarios realizaba era estimada en más de dos millones y medio de cigarrillos, que se exportaban a todas partes del mundo, empleando en su elaboración  diversas clases de papel, a fin de satisfacer los gustos más variados de los fumadores. Estos operarios, sin embargo, no eran los únicos que trabajaban en la elaboración del producto, pues también se contaba con unos quinientos soldados de la guarnición de La Habana, que en su tiempo libre se incorporaban a la fábrica para confeccionar cigarrillos, lo cual les aportaba un ingreso adicional a su escaso salario”.

Pues bien, en el referido artículo cuya imagen adjuntamos a continuación, nos dan la explicación de cómo dicho trabajo de confección de cigarrillos era pagado mediante un método de vinculación del pago con el trabajo realizado mediante dichas medallas, las cuales tenían poder liberatorio incluso en diversas tiendas de la ciudad.

O sea estamos antes el caso de una pieza que aunque no tenía su valor indicado fue usada como moneda particular desde los inicios de la década de los 60 en Cuba. Como podemos leer en el artículo su valor era de 1.20 pesos y se entregaba en pago a una llamada “tarea” consistente en la fabricación de 5,064 cigarrillos y se puede afirmar que sin dudas fue el primer tokem usado por una empresa cubana en el siglo XIX.

Sin embargo esta medalla no es la única emitida por dicha fábrica. En nuestra colección contamos con otras dos piezas, ambas de mayor tamaño y con un exquisito diseño, acuñadas también por ella que suponemos fueron preparadas con otros fines tales como propaganda del establecimiento u homenaje a determinadas personalidades que la visitaron. Veamos sus imágenes:

Una descripción más detallada de estas piezas así como su imagen a toda aparecen en nuestra página relativa a las actividades tabacaleras dentro de la sección de las Fichas Comerciales Cubanas. Lo invitamos a visitarla.