"LA RARA MEDALLA DEDICADA AL BLOQUEO A LA HABANA EN 1898"


Como todas las etapas criticas de la historia, el bloqueo a isla de Cuba  llevado a cabo por la escuadra norteamericana a mediados del año de 1898 dejo para la posteridad diversas piezas que resultan de gran interés para los coleccionistas pues a través de ellas podemos rememorar interesantes detalles y hechos de dicho periodo.  En esta ocasión nos referiremos a una rara medalla que habiendo sido preparada para su entrega a la población habanera por las autoridades españolas se quedo solo en un proyecto a medias debido a la rápida derrota española.

Para comenzar veamos una pequeña síntesis de los sucesos en cuestión:

El 15 de febrero de 1898, en horas de la noche, la ciudad de La Habana fue sorprendida por una fuerte explosión, seguida de otras más, que sonaron en dirección del puerto. Había volado el crucero acorazado norteamericano “Maine”, que se encontraba surto en la bahía desde el 25 de enero del propio año, y ahora ardía en una inmensa pira acompañada de formidables estampidos. Por largo tiempo se debatió si la explosión había sido provocada desde adentro de la nave o desde afuera, pero el gobierno de los Estados Unidos culpó rápidamente a España y le declaró la guerra el 21 de abril, dando inicio de inmediato a la llamada Guerra Hispanoamericana y la “pacificación forzada de Cuba”. La primera medida ordenada por el Ministro de Marina norteamericano fue el bloqueo de la isla y principalmente de La Habana.

Al siguiente día, 22 de abril de 1898, aparecieron frente al litoral los acorazados de la escuadra norteamericana comandada por el contralmirante William T. Sampson, entre ellos el “Iowa”, el mayor de todos; el “Vulcano”, que conducía la dinamita; y las restantes unidades, el “Brooklyn”, el “Montgomery”, el “New York”, el “Texas”, el “Louisiana”, el “North Caroline”, y otras más, las cuales se situaron en el horizonte a las cinco de la tarde e hicieron estallar en múltiples conjeturas a los pobladores de la ciudad, que acudieron en masa al Castillo de La Punta y a los arrecifes de San Lázaro y la Batería de la Reina, a contemplar aquel inesperado espectáculo, aguardando, como era de suponer, el inicio del bombardeo de la ciudad y la respuesta de las fortalezas habaneras.

Pero el esperado cañoneo no se produjo en ningún momento, en los tres meses que duró el bloqueo. Los únicos disparos que realizó el Castillo del Morro fueron tres cañonazos, anunciados previamente por el gobierno colonial para advertir a la población la llegada frente a la costa de las naves norteamericanas. Después, todo fue tranquilidad y sólo pequeñas escaramuzas ocasionales que no produjeron el más mínimo daño a ninguna de las dos partes.

El bloqueo trajo dificultades en el abastecimiento de víveres a la ciudad por vía marítima, mientras por tierra se recibía alguna ayuda de las poblaciones del interior de la provincia, aunque ésta no podía ser abundante ya que los puertos cercanos también fueron bloqueados, creando una situación de escasez y desesperación en todo el occidente cubano.

Sin embargo, el bloqueo fue burlado en distintas ocasiones. Una noche salió del puerto habanero, con las luces apagadas, el vapor español “Monserrat”, que llegó sin novedad a México en busca de víveres y días después regresó entrando triunfante en Matanzas; allí descargó los abastecimientos que traía, volvió a salir en una nueva escapada hacia México y a la vuelta recaló en Cienfuegos.

En otra ocasión salió un barco de guerra español, el “Conde de Venadito”, que trató de provocar la agresión de las naves norteamericanas y obligarlas a acercarse a la costa para ser cañoneadas desde tierra, pero todo lo que hicieron éstas fue dispararle una andanada y permanecer en su línea. También la goleta “Santiago” zarpó una mañana desde Bahía Honda y entró en el puerto habanero sana y salva, bajo los cañonazos que se cruzaban, sin dar ninguno en el blanco, entre uno de los acorazados y la Batería de Santa Clara.

Con estas escapadas y algunas otras que de vez en cuando se lograban, se iba remediando algo la escasez de víveres, abasteciéndose la población con frijoles y maíz que se traía desde las costas mexicanas, y ocasionalmente con latas de carne en conserva, producida en Chicago, que introducía de contrabando la marinería de las propias naves bloqueadoras.

Por otro lado, muchos habaneros buscaban abandonar la ciudad por temor a las posibles contingencias de la guerra, lo que lograban hacer con el permiso de las naves bloqueadoras. Así salieron, entre otros, el vapor mercante “Lafayette”, de la Compañía Transatlántica Francesa, y un bergantín mexicano, que transportaron hacia México a multitud de viajeros fugitivos.

Si algún relativo provecho se sacó del bloqueo, fue la medida implantada por el Gobernador Civil de la ciudad, don Rafael Fernández de Castro, que autorizó el funcionamiento público, en los siempre atestados muelles de la ciudad, de juegos de todo tipo, ruletas, barajas, loterías, etc., mediante una cuota del cincuenta por ciento de sus productos que se ingresaba íntegramente para el sostenimiento de las cocinas económicas que funcionaban en los distintos barrios de la ciudad, aliviando la penuria de la población reconcentrada.

Mientras tanto, la escuadra norteamericana no atacó la capital de Cuba; aunque realizó algunos bombardeos contra poblaciones indefensas del litoral, con el único interés de aterrorizar a la población civil, sembrar la destrucción y aumentar los sufrimientos. El 27 de abril hizo un ligero ataque contra las defensas de Matanzas, y el 11 de mayo bombardeó la plaza abierta de Cárdenas, causando bajas entre los vecinos.

Finalmente, al conocerse la entrada en el puerto de Santiago de Cuba de la escuadra española del almirante Cervera, los habaneros se vieron libres del bloqueo al partir la flota norteamericana hacia la ciudad oriental con el fin de enfrentar a la recién aparecida escuadra enemiga. Fue ese el momento en que las autoridades españolas concibieron  la confección de la medalla en cuestión la cual fue preparada rápidamente usando para ello el aluminio un metal inusual para la época pues por aquel entonces aunque era ya conocido y se comenzaba a usar  industrialmente eran muy pocos los casos en que se usaba en acuñaciones numismáticas. 


                                   Anuncio que aparece en "El Figaro" - numero del 30 de Noviembre de 1898

Sin embargo la rápida derrota española marcada por la derrota de su flota en  la batalla de Santiago de Cuba hizo que los planes de entrega de la medalla quedaran frustrados ante la pronta rendición y abandono de la isla por parte de las autoridades españolas. Nuestra teoría sobre la no entrega de la medalla se basa en que esta pieza fue prácticamente desconocida durante la época republicana no existiendo referencia alguna sobre su existencia en ninguna publicación de la época ni en ningún uniforme de funcionarios o militares de los que hemos podido revisar. Así, no fue hasta hace algunos años en que habiendo aparecido un gran stock de dichas piezas guardado en algún sitio de la ciudad fue que se vino a conocer su existencia.

La pieza ostenta en su anverso la inscripción “Ayuntamiento de la Habana Año 1898” junto a una bella composición representativa en la que se ve una dama que muestra el escudo de la ciudad rodeada de varios niños con la bahía y palmas detrás. En el reverso se lee: “Recuerdo del bloqueo de la Isla de Cuba, 21 de Abril al 12 de Agosto” sobre un fondo que nos muestra la fortaleza del Morro y varios barcos dentro de la bahía.